2 de abril de 2011

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Parashat Tazria


La lectura de nuestra semana comienza a referirse al ser humano, de la misma manera que el relato de la Creación, después de haber recorrido en la parashá anterior, las normas referidas a los animales en 47 versículos del capítulo 11 de Shemini, recorriendo por gran parte de la escala zoológica. Así lo subraya Rashí en su comentario. El humano del final de la Creación es el último también en cuanto a las normas de la pureza ritual. “Detrás y delante me rodeaste”, leeremos en el versículo 5 del salmo que citamos a continuación, - detrás de todas las obras, delante de los castigos-, fuiste creado. Si no fuiste humano completo, dice el midrash, te recordarán que hasta el mosquito fue creado antes que tú.




Y, casi en el mismo principio, después de la fecundación y del nacimiento, nos indica que en el octavo día, se debe circuncidar la carne del prepucio del varón.




¿Qué novedad nos trae el mandamiento del brit milá de nuestra parashá, si ya D-os lo había ordenado a Abraham? Los grandes pensadores nos enseñaron que la orden a Abraham fue personal e individual, por lo que no puede obligar a todo el pueblo de Israel. La prescripción que nosotros obedecemos surge de parashat Tazria. Ya Maimónides nos enseñó en forma más que contundente que cada mitzvá aparece claramente como mandamiento. Sin esta parashá, la experiencia de Abraham no hubiera sido obligatoria para las generaciones que siguieron tras él. Así aprendemos que la vigencia de los mandamientos está condicionada a la revelación de Sinaí. Nuestras mitzvot no son producto del folklore, de la imitación de lo que hicieron o no hicieron nuestros antepasados, no son tradición, no son costumbres. Son mandamientos divinos. Tienen esa especial calidad.

Algunos de los temas que trata la parashá suelen ser omitidos por los maestros y quienes enseñan parashat hashavúa. A veces con el pretexto que coincide con muchos otros temas muy interesantes. Pero, la razón tampoco es porque los de Tazria son verdaderamente difíciles. Hay una especie de creencia generalizada todavía hoy, que hay tramas que no son elegantes, que no son convenientes para los menores. Y, en palabras del rav Mordejay Elón (1), esas actitudes provocan que los temas omitidos “sean estudiados debajo de la mesa”, como lo sabe todo adolescente, como lo comprueba muchos años después cualquier docente olvidadizo. Pero, esos temas deben ser enseñados, deben ser estudiados. No deben omitirse ni siquiera cuando se trata de alumnos jóvenes.

Después de todo, aún las mitzvot de pureza e impureza que no podemos cumplir desde la destrucción del Templo, fueron dadas a los humanos concretos, reales, biológicos, y deben ser cumplidas con el cuerpo, no siempre limpio, no siempre puro. También debemos estudiar aquellas que por el momento no pueden ser observadas, porque forman parte de una totalidad indivisible.

En estas parashiot, encontramos material suficiente para que varios tomos del Talmud se dediquen a analizarlo, ya que forman el compendio de los preceptos de la pureza que nos debe guiar en las normas del judaísmo. Ya habíamos comentado en parashat Sheminí, que nuestra santidad deriva exclusivamente de la posibilidad de refinamiento que obtengamos con la autodisciplina que nos brinda el cumplimiento de las mitzvot. Esa idea nos debe seguir guiando también en la lectura de este sábado y en la del siguiente.

Pero, para poder estudiar el cumplimiento de las mitzvot que se refieren a las funciones biológicas del cuerpo, éstas se deben estudiar frontalmente. No hay tema tratado en la Torá que no pueda ser discutido y aprendido en la mesa, en el salón de clases o en el templo.




Sólo hay que encontrar el lenguaje apropiado y la manera.




El capítulo 139 de Tehilim, cuya belleza es indescriptible, y cuya profundidad, es asequible por todos, nos da una muestra de la manera en la que se pueden tocar incluso los actos más íntimos. Es tan bello que no puedo evitar transcribirlo en su mayor parte: ”…Salmo de David. H', Tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; Desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos. Aun antes de que haya palabra en mi boca, Oh SEÑOR, Tú ya la sabes toda. Por detrás y por delante me has cercado, y Tu mano pusiste sobre mí. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Es muy elevado, no lo puedo alcanzar. ¿Adónde me iré de Tu Espíritu o adónde huiré de Tu presencia? Si subo a los cielos, allí estás Tú; Si en el Sheol preparo mi lecho, allí estás Tú. Si tomo las alas del alba, y si habito en lo más remoto del mar, aun allí me guiará Tu mano, Y me tomará Tu diestra. Si digo: "Ciertamente las tinieblas me envolverán, y la luz a mi alrededor será noche;" Ni aun las tinieblas son oscuras para Ti y la noche brilla como el día. Las tinieblas y la luz son iguales para Ti. Porque Tú formaste mis entrañas; Me hiciste en el seno de mi madre. Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; Maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de Ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados cuando no existía ni uno solo de ellos. ¡Cuán preciosos también son para mí, oh D-os, Tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de ellos! Si los contara, serían más que la arena; Al despertar aún estoy contigo. ¡Oh D-os, si Tú hicieras morir al impío! .... Escudríñame, oh D-os, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno”.

Y, si ya hablamos de la maravillosa creación literaria de nuestros antepasados, recordemos el relato de Masejet Nidá, 31 a y Kidushin 30 b: “Tres son los socios que tienen las personas. El padre, la madre y el Santo Bendito”. Principio que podemos comprobar casi todos los días. Y, la guemará allí nos desarrolla una serie de observaciones anatómicas del bebé que son recibidas de cada uno de los socios. Además de una verdad irrebatible, un recordatorio de nuestras limitaciones, encontramos en esa expresión una plataforma filosófica, ya que el "descubrimiento" de los sabios del Talmud es que somos producto por igual de la Madre y del Padre y no como se pensaba en las escuelas más avanzadas de aquella época. El Santo Bendito aporta, en definitiva, la vida. Él la concede y él la quita sin que los otros socios puedan protestar. Pero, aquí queda claro que los socios son madre y padre igualitariamente. Es la respuesta judía al pensamiento helénico de la época que había excluido a la mujer-madre de todo rol en la función familiar excepto el de la crianza. Es el aporte de los sabios del Talmud que aún en nuestros días sigue teniendo validez y merece ser recordado.




De nuestra parashá, en la que se analiza la relación del hombre y la mujer después de la larga lista de los animales, entendemos la diferencia. En la escala animal la reproducción es casi un fenómeno únicamente técnico, en los humanos la posibilidad de elevar la inspiración espiritual hasta la misma presencia de la Shejiná. Es lograr la santificación a través de la relación humana. En las bendiciones debajo del palio nupcial proclamamos "bendito eres H' que santificas a tu pueblo Israel por medio de la jupá y los kidushin". Es la única vez que proclamamos la santificación del pueblo de Israel y ello se logra a través de la mujer, que después de fecundada hará nacer a su hijo. Simplemente lo que nos dice el primer versículo de nuestra lectura.




Sobre el versículo de parashat Metzorá, (15:31), "Así ustedes mantendrán a los hijos de Israel separados de sus impurezas, para que no mueran en sus impurezas por haber contaminado Mi tabernáculo que está entre ellos." nos dice el rav Elon, citando al Netziv (2): "se trata del mishcán que está dentro de la pareja" (y no del tabernáculo que se construyó), dentro de los espíritus de los judíos que eligieron vivir con santidad. Vigilantes pueden evitar que introduzcamos impurezas en los templos, pero, cada uno de nosotros es el responsable por convertirnos en un mishcán puro. Nuestra vida espiritual depende de la capacidad que tengamos de separar las impurezas.




En otras palabras, depende de la decisión que tomemos de vivir con pureza.




Shabat shalom, desde Sión,




Rab. Yerahmiel Barylka


______________________

1. Rabino Mordejai Elon: nació en 1959, y es el líder del movimiento espiritual y social Mibereshit, fue rosh yeshiva de Jorev y de Yeshivat Hacotel. Sus conferencias sobre parashat hashavúa fueron brindadas ante públicos numerosos y particularmente jóvenes. En la actualidad se encuentra escribiendo un comentario sobre el Pentateuco.

2. Netziv: Es el seudónimo por el que es conocido el rabino Naftali Tzvi Iehudá Berlín (1893-1817) fue el Rosh de la famosa Yeshiva de Volozin y uno de los más grandes sabios del siglo XIX.

9 de febrero de 2011

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Parashat Tetzavé

Moshé solía decir: Que la ley atraviese la montaña (siguiéndosela estrictamente), ya que está escrito “porque el juicio es de H’” (Devarim 1:17). Pero, Aharón amaba la paz, buscaba la paz y procuraba hacer la paz entre el hombre y su prójimo, como está escrito: “En su boca había instrucción fidedigna; en sus labios no se encontraba perversidad. En paz y rectitud caminó conmigo, y apartó del pecado a muchos” (Malaji 2:6).



Una lectura detenida de la parashá de esta semana, nos permite meditar en las relaciones que existían entre los hermanos Moshé y Aharón, y más aún en las que atañen a la autoridad política respecto a la sacerdotal.

La parashá nos consagra la división que H' quiere que exista entre el sacerdocio y la conducción política. El cohen debe servir al pueblo pero no debe tomar decisiones por el pueblo. Debe estar en el mishcán. Debe amar la paz y acercar a las personas al cumplimiento de la Torá, en ese objetivo Aharón triunfó y nos dejó maravillosas enseñanzas.

Ni Moshé ni Aharón fueron elegidos para sus puestos en forma democrática, por lo que no le debían su trabajo a sus electores, sino únicamente al Gran Elector.

Moshé, no tiene posibilidades de ejercer el sacerdocio. No puede ser el representante de la gente frente a H’, ya que él está más allá del pueblo. Se crió en el palacio de Faraón, salió de Egipto dejando a sus hermanos allí, tomó esposa de otra cultura, y cuando asciende a las alturas espirituales está solo. Aislado. Distanciado de las personas. No las oye. No las entiende. Y, cuando tiene que actuar lo hace sin que le tiemble la mano. Sin vueltas ni rodeos.  Haciendo lo posible para que “que la ley atraviese la montaña” y no se aparte de su senda. Tarea que, como hoy sabemos, no le fue tampoco fácil. Liderar a los hijos de Israel es un desafío no tan simple. Hasta el mismo Moshé sufrió en carne propia las revueltas y las resistencias de su pueblo, que siempre busca un espacio para maniobrar y acomodar las normas a sus necesidades. 

Y, la parashá, nos enseña que el poder político debe ejercerse en diálogo con el Cohen, que tendrá a su cargo, el cuidado de la tradición. Moshé y Aharón dialogaban, pero, cada uno cumplía con sus funciones. Lo más probable es que en más de una ocasión no estuvieren de acuerdo, pero, las funciones estaban definidas y ello evitaba conflictos.

Vayamos pues a la parashá. En ella encontramos la detallada descripción de las ropas del cohen, entre ellas dos elementos de mucha significación. "Y harás el pectoral del juicio, obra de hábil artífice; lo harás como la obra del efod: de oro, de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido lo harás. Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho. Y montarás en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera será una hilera de un rubí, un topacio y una esmeralda; la segunda hilera, una turquesa, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, un ágata y una amatista; y la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe; todas estarán engastadas en filigrana de oro. Las piedras serán doce, según los nombres de los hijos de Israel, conforme a sus nombres; serán como las grabaduras de un sello, cada uno según su nombre para las doce tribus". (Shemot 28:15-21). Y, el otro, "Harás también una lámina de oro puro, y grabarás en ella, como las grabaduras de un sello: Consagrado a H'. La fijarás en un cordón azul, y estará sobre la tiara; estará en la parte delantera de la tiara. Y estará sobre la frente de Aharón, y Aharón quitará la iniquidad de las cosas sagradas que los hijos de Israel consagren en todas sus ofrendas santas; y la lámina estará siempre sobre su frente, para que sean aceptadas delante de H' (28:36-38).

Los dos juegos de vestimentas descritos aquí, nos dan a entender la función del cohen como representante del mensaje divino entre el pueblo y su sirviente. Su asiento será el mishcán lugar que permite el diálogo entre el pueblo y su D-os. La función del cohen será heredada de padres a hijos por todas las generaciones. A partir de ahora: “… harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aharón, y con él sus hijos, para que me sirvan como sacerdotes: Aharón, con Nadav y Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aharón”. (28:1).

Ello sucede a siete días de haberse erigido el mishcán… en ese momento, H' elige entre uno de los hermanos para darle el cargo de sacerdote en detrimento del otro, o si se desea, prefiere a uno para el cargo de líder.

Recordemos que acerca de Aharón habíamos leído cuando "Moshé dijo a H': Por favor, Señor, nunca he sido hombre elocuente, ni ayer ni en tiempos pasados, ni aun después de que has hablado a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua…  Entonces se encendió la ira de H' contra Moshé, y le dijo: ¿No está tu hermano Aharón, el levita? Yo sé que él habla bien. Y además, he aquí, él sale a recibirte; al verte, se alegrará en su corazón. Y tú le hablarás, y pondrás las palabras en su boca; y yo estaré con tu boca y con su boca y les enseñaré lo que habrán de hacer.  Además, él hablará por ti al pueblo; y él te servirá como boca y tú serás para él como D-os. (4:10-16)

De la lectura de esa división de funciones queda como que Moshé sabía que había que decir pero no podía por una cuestión funcional y Aharón, que estaba en un segundo plano iba a ser únicamente el vocero. Pero, vocero del vocero. D-os no hablaría con él sino con Moshé y éste transmitiría el mensaje a su hermano. Aquí leemos que Aharón es el levita, por lo que suponemos que aún todavía Moshé era el cohen o por lo menos esa era la función que ejercía. No se puede comprender por qué razón debería destacarse en el versículo citado que Aharón era leví, ya que por ser hermano de Moshé era más que obvio.

Pero, Aharón fracasa en el primer examen que debe presentar después de su nombramiento como supremo sacerdote, porque no puede resistirse a las presiones del pueblo que necesita y exige un dios alternativo, y les concede el becerro de oro:Cuando el pueblo vio que Moshé tardaba en bajar del monte, la gente se congregó alrededor de Aharón, y le dijeron: Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros; en cuanto a este Moshé, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y Aharón les dijo: Quiten los pendientes de oro de las orejas de sus mujeres, de sus hijos y de sus hijas, y tráiganmelos. Entonces todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que tenían en las orejas y los llevaron a Aharón. Y él los tomó de sus manos y les dio forma con buril, e hizo de ellos un becerro de fundición. Y ellos dijeron: Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto” (32:1-4). Así, con ese acto pierde la oportunidad de ser también el líder político. No tiene las cualidades para ello. Aharón debe servir al pueblo, estar junto a él, moverse dentro de él, oírlo, atenderlo, auxiliarlo, beber sus palabras, consolarlo. A veces hasta transigir para poder lograr la unión. Su identificación con la masa es tan fuerte que no tiene posibilidades de entender las consecuencias de su acción.

Han pasado los años, han pasado los siglos pero, parece que el papel que debe jugar la dirigencia judía debe seguir basándose en estas líneas aprendidas de nuestra parashá y de las siguientes. H' desea una separación entre quienes en su momento se dedicaban a los aspectos espirituales de quienes se brindaban para dirigir los destinos políticos y económicos de su pueblo y de sus comunidades. Ambos poderes no pueden quedar en manos de las mismas personas. Entre ellas deben dialogar, pero, no pueden ni deben mezclar sus funciones. Si ni Moshé ni Aharón, pudieron ocupar ambos puestos simultáneamente, nosotros que no llegamos ni al polvo que sus zapatos dejaban, debemos dejar de lado la omnipotencia y entender que cada uno debe dedicarse a lo que sabe y no aspirar a cruzar el límite de los dos mundos.

Y si ninguno de los dos logró hacer ingresar al pueblo judío a su tierra, significa que de alguna manera H' que los había elegido tomó la decisión de quitarles de la encomienda.

"Y H' dijo a Moshé y a Aharón: Porque ustedes no me creyeron a fin de tratarme como santo ante los ojos de los hijos de Israel, por tanto no conducirán a esta congregación a la tierra que les he dado" (Bemidbar 20:12).

También de ello tenemos mucho que aprender todavía, como por ejemplo, que el liderato no puede ni debe ser eterno.

Shabat shalom, desde Sión,
Rab. Yerahmiel Barylka

30 de enero de 2011

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Parashat Truma


Nuestra parashá, nos presenta el fin del diálogo sin intermediarios entre H’ y el pueblo de Israel, al establecer un espacio para el servicio, el mishcán. Como que nos encontramos con un retroceso en el nivel que nuestros antepasados habían alcanzado desde la revelación de Sinaí.



Por si eso fuera poco, el nuevo santuario se nos presenta descrito hasta el mínimo detalle. “Conforme a todo lo que yo te mostraré, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo harán”, nos dice el versículo (25:9). No hay lugar a la improvisación, al diseño, ni a la creatividad. Inmediatamente surge la asociación necesaria con la descripción de la Menorá: “Haz un candelabro de oro puro labrado a martillo. Su base, su tallo y sus copas, cálices y flores, formarán una sola pieza. Seis de sus brazos se abrirán a los costados, tres de un lado y tres del otro. Cada uno de los seis brazos del candelabro tendrá tres copas en forma de flor de almendro, con cálices y pétalos. El candelabro mismo tendrá cuatro copas en forma de flor de almendro, con cálices y pétalos. Cada uno de los tres pares de brazos tendrá un vaso en la parte inferior, donde se unen con el tallo del candelabro. Los cálices y los brazos deben formar una sola pieza con el candelabro, y ser de oro puro labrado a martillo". "Hazle también sus siete lámparas, y colócalas de tal modo que alumbren hacia el frente. Sus corta pabilos y braseros deben ser de oro puro.  Para hacer el candelabro y todos estos accesorios se usarán treinta y tres talentos de oro puro". "Procura que todo esto sea una réplica exacta de lo que se te mostró en el monte. Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero: su pie, y su caña, sus copas, sus manzanas, y sus flores, serán de lo mismo” (versículos 31-39). Como vemos todo está definido, hasta los más pequeños detalles.



Una de nuestras mayores preocupaciones espirituales individuales y colectivas, consiste en encontrar el marco para nuestro diálogo con H’ y poder determinar cuál es el espacio para nuestra autodeterminación y para la elección de nuestro lenguaje para lograr la elevación espiritual.  El post moderno se pregunta: ¿D-os necesita de un espacio para ubicar su presencia? ¿No se llama M’akom para indicarnos que es omnipresente? ¿Acaso nosotros no deberíamos decidir el formato de nuestra relación con D-os? ¿No sería más atractivo para los seres humanos que cada uno haga su propio diseño? 



Es el midrash Tanjumá1, quien entre los comentaristas que se dedican a darnos respuesta a estas preguntas, es uno de los más categóricos y claros. Ilustrando el versículo 25:8: “Me erigirán un santuario, y habitaré entre ustedes”, nos dice que el mandato de construir el mishcán fue dado en Iom Kipur, pese a que en el orden del Libro, recién leeremos acerca del becerro de oro más adelante. De lo que se desprende que el mishcán tiene como objetivo purificar a los hijos de Israel del pecado del becerro. –Si no hubieran pecado cuando Moshé estaba en el Sinaí, no hubiera sido necesario el mishcán-, es la conclusión inmediata.



En Iom Kipur, les perdonan la falta, en Iom Kipur, ordenan la construcción del santuario. “Que traigan oro al mishcán para que absuelva las faltas cometidas usando el oro   en la fundición del becerro”, como la Torá nos relata: “Todos los hijos de Israel se quitaron los aretes de oro que llevaban puestos, y se los llevaron a Aharón, quien los recibió y los fundió; luego cinceló el oro fundido e hizo un ídolo en forma de becerro. Entonces exclamó el pueblo: «Israel, ¡aquí tienes a tu dios que te sacó de Egipto!» (32:3). Como que existe una relación entre la falla y su reparación, como nos dice el profeta Irmiahu (30:17): “Pero yo regeneraré y sanaré tus heridas…”.  



 Recordemos que: “Al ver el pueblo que Moshé tardaba en descender del monte, se acercaron a Aharón y le dijeron: --Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a Moshé, ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido (32:1).  D-os no podía tolerar esa corrupción, relatada en el versículo 4: Él los recibió de sus manos, le dio forma con un buril e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces ellos dijeron: --¡Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!



No parece ser casual que en el desierto, los recién liberados, veneraran a un becerro tan parecido a Apis, que en la mitología egipcia es el dios solar de la fertilidad de los rebaños y posteriormente de los muertos, , que se representaba como un toro u hombre con cabeza de toro, con el disco solar, uraeus, entre sus cuernos y que se consideraba hijo de Isis, como vaca, fecundada por un rayo del Sol. No se habían liberado de la influencia cultural ni de la religión que veían tan cerca en Egipto. Su fe era sincrética, que es todo lo contrario a la fe en D-os Uno. Su caída fue tan grande que ese becerro les parecía equivalente de “los dioses” que los habían sacado de Egipto. El desvarío que tenían era tal que, “al día siguiente madrugaron, ofrecieron holocaustos y presentaron ofrendas de paz. Luego se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse” (32:6), posiblemente como parte del culto a ese ídolo. La sucesión de los versículos da a entender que el enojo divino surge después de esos banquetes. –No sólo adoraron a ídolos ajenos, sino que se relamieron en la comida-. Adorar lo ajeno y lo vacío les dio placer inconmensurable, regocijo sin fin. Esa alegría por lo indebido es no menos grave que el mismo hecho.



El culto de los egipcios es recordado por el autor del himno Maoz Tzur, que cantamos después del encendido de las velas de Janucá, que nos dice, en la magistral traducción de Yagubsky, "Ahíta esta hoy mi alma de males / De penas desfallecido esta mi vigor/ Cuando agobiado yo estuve de pesares / Bajo el mando de Apis y su vasallo/ Tu, con brazo esforzado sin par,/ Nos prestaste amparo y redención/ Arrojando a las aguerridas tropas faraónicas/ Al fondo de las aguas abismales".



La reparación del regreso a deidades insignificantes, debía ser radical y educativa. Las tropas de Faraón fueron hundidas en el mar, pero ese hecho no fue suficiente para que la fe de los hijos de Israel sea total. Por lo tanto, había que usar un mensaje más que claro. Tal como nos dice el midrash en Bemidbar Raba, 19, 4 relatando la parábola de boca del amoraíta R’ Ibó: “cuando el hijo de la sirvienta, hizo sus necesidades en el palacio real, el soberano dijo, que se presente su madre y limpie sus excrementos, así dijo el Santo bandito, que venga la vaca (roja) para hacer perdonar el pecado del becerro” (Dando una explicación al ritual de la vaca roja [pará adumá] que bien se puede aplicar también en este caso).



El mishcán debe verse como parte de ese proceso de depuración.



Quienes se hincaron ante el becerro y paladeaban las libaciones rituales y ofrecían holocaustos presentando ofrendas, no tienen capacidad de decidir el modelo de ritual para D-os Uno. Si no reconocen con totalidad a H’, no son capaces de determinar la forma de acercarse a Él.



Ese grupo, debe aceptar que no tiene libertad para señalar el camino del diálogo. Deben depurarse y en el encuentro con la Divinidad respetar sus normas, como una forma de demostrar en definitiva que habían aprendido la lección.



El mishcán, y esa es la gran diferencia, no se hace siguiendo el capricho de quienes hicieron el becerro y se creyeron como dioses o al hacerlo consciente o inconscientemente reproducían a uno de los ídolos que debieron haber dejado atrás. Así como los estatutos, normas y edictos acerca de los que leímos en parashat Mishpatim, en cuanto a las relaciones entre las personas, son detallados, prolijos, estrictos y minuciosos, así es el santuario. Así como en el trato con el despojado y carenciado no podemos aplicar nuestras normas de justicia, porque serán acomodaticias a nuestros intereses y por lo tanto alejadas del Tzedek, así también necesitamos frente a H’, entender que no podemos hacer un dios de una sola pieza, que nos recuerde a otros, que sea sucedáneo o sustituto de la verdad, sino un tabernáculo compuesto con infinitos detalles que se desarman cada vez que el campamento va delante y se vuelven a ajustar cada vez que se detiene. Con una armonía que sólo quienes tienen fe verdadera pueden tener.



Esa es la lección singular también para el post moderno que cree que todo puede ser acomodaticio, que todo es flexible, que su voluntad es la que prima, que el límite desaparece y que todo se permite, así más no sea para ganar a adictos. Que posee todo tipo de ídolos y de dioses falsos y complacientes.



No más el oro del becerro, ni el becerro de oro, ahora llegó el tiempo del mishcán y de un modelo que viene dictado hasta el último detalle.



En el mishcán no hay más espacio para improvisaciones ni contemporizaciones. De modas pasajeras y de aplicación de nuevos sistemas espirituales que son ajenos, aunque estén de moda. No más introducción de elementos exóticos así se presenten como propios.



En épocas de becerros de oro, el único perdón, llega con el mishcán.

Shabat Shalom desde Sión,
Rab. Yerahmiel Barylka

10 de enero de 2011

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Parashat Beshalaj

"Y cuando Faraón envió al pueblo, y no los trasladó D’s por el camino de la tierra de los filisteos, porque estaba cerca, pues dijo D’s: quizás se arrepienta el pueblo al ver guerra y regrese a Egipto. … Y armados ascendieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto. Y tomó Moshé consigo los huesos de Iosef, el cual había juramentado a los hijos de Israel diciendo: "Ciertamente les recordará D’s y harán subir mis huesos de aquí con ustedes". Shemot 13:17-19

Los seres humanos, compartimos con los animales muchos sentimientos, entre ellos el miedo. Vivimos envueltos en temores. Algunos se deben a amenazas reales. Otros, son irracionales. Muchos de ellos se deben a factores incontrolables. Estamos rodeados de fantasmas que por más que sepamos concientemente que sólo son espectros y sombras, no los podemos alejar. De ser un estímulo para nuestra defensa, a veces se convierten en una verdadera tortura paralizante.

Los tres versículos citados de la parashá de esta semana, nos llevan ante nuestros antepasados, que habían visto los prodigios del Éxodo, e iban armados cuando salieron de la esclavitud. Con sus armas, hubieran podido protegerse de sus enemigos. Pero, D’s entendió que debía conducirles por largas y complicadas rutas, no sea que ante la primera batalla se asusten y regresen a la esclavitud, de la cual habían salido hacía tan poco tiempo.

Llevaban sus armas, pero, se sentían desamparados e indefensos.

Eran las mismas personas, que habían visto desaparecer en las profundidades el mar al ejército más poderoso de la zona, sin que perdieran ni una persona. Que habían estado presentes durante las plagas. Todo ello no fue suficiente para brindarles confianza.

La cercanía de los dos versículos parece desear enseñarnos algo muy importante y difícil de entender. Y por si ello fuera poco, el tercero nos relata que Moshé tomó los huesos de Iosef y los llevó consigo, durante esa epopeya como si no tuviera suficiente labor frente a sí.

Esos esclavos redimidos no habían podido sacarse de encima los resabios de su estado de inferioridad. Su espíritu estaba tan bajo que ni siquiera los milagros y las maravillas de los que eran más que conscientes, podían ayudarles a superar sus suspicacias y desconfianza. Sus acorazados, sus lanzas, sus escudos, y toda la parafernalia que llevaban jamushim –armados-, no conseguían fortalecer sus corazones. Eran débiles de espíritu. D’s comprobaba de que manera quienes estuvieron tan cerca de la Revelación, no fueron capaces de entenderla, de asimilarla. Que la fe no tenía nada que ver con la comprobación de las maravillas y las señales. Esos ex esclavos no podían independizarse para presentarse libres ante Él. Pero, igualmente los amaba y los comprendía, por eso, en lugar de renegar de ellos, decidió llevarles por un largo camino para que pudieran por si mismos llegar a la certidumbre que alguien superior lucharía por ellos.

Esa generación no podía luchar porque carecía, de todo lo que el profeta Zejariá (4:6) había planteado a Zerubavel, no tenía espíritu, por eso su ejército, y su fuerza, de nada servirían.

Si quisiéramos explicar nuestros éxitos y nuestros fracasos, nuevos temores y nuestras frustraciones, encontraríamos en estos versículos una respuesta contundente. Subir armados no sirve para abandonar los temores, tener la mejor aviación del mundo no es suficiente para derrotar a quienes se esconden en escondrijos.

El dinero, esa arma de otros débiles, o el poder político, no son suficientes.

¿Qué le queda a esa generación para poder triunfar y llegar a la Tierra Prometida?

¿Qué nos queda a nosotros, que fuimos también testigos de otros milagros, en el inicio de la redención nacional que vivimos? Testigos de infinidad de sucesos que pasamos en la vida conducidos por la mano de la Providencia.

¿Qué solución podemos aspirar?

La respuesta está en el tercer versículo. En Moshé. En el líder. En el maestro. En quien ve los detalles. En el humilde.

Moshé no abandona el cadáver de Iosef. Tiene infinidad de obligaciones pero no renuncia al compromiso que el pueblo adquiriera. Iosef había anunciado que D’s aparecería y que su presencia podría ayudar. El conocía a sus hermanos.

Moshé lleva consigo el ejemplo del tzadik y con su osamenta les dice a toda su generación que pueden emprender camino, hay quien los elevará, si saben interpretar que aún después de muerto quería llegar a reposar en Israel. Moshé enseña que no se dejan cadáveres en el camino. Que se cumple con la palabra empeñada y si los restos de Iosef habían llegado hasta allí, iban a llegar al destino exigido.

Moshé recurre a ese mandato del espíritu. El sabe que la fe regresa a veces por pequeños actos.

Los huesos de Iosef son más poderosos que todos los armamentos que lleva el pueblo, tal como poéticamente dijeron nuestros sabios en Ialkut Tehilim, sobre el versículo “El mar lo vio, y huyó”, preguntando ¿qué vio el mar que lo hizo huir? – los huesos de Iosef. Las aguas tormentosas se no pueden imponerse ante el espíritu.

El temor del individuo se supera aplicando la receta del profeta Irmiahu (17:7) “¡Bendito el hombre que confía en H’, y H’ será su confianza”, cuando la persona tiene fe en D’s, fe plena, total, tendrá como premio la fuerza, la seguridad, la vida, la salud, la felicidad, la integridad que sólo H’ puede brindarle.

Shabat shalom, desde Sión.

Rab. Yerahmiel Barylka

27 de diciembre de 2010

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Parashat Vaerá


La semana pasada hicimos algunos comentarios acerca del gran maestro y líder inigualable, Moshé la persona que nos va a guiar a lo largo de todo el libro Shemot –los nombres-.

En el comentario de Parashat Vaerá, vamos a preguntarnos el porqué de su elección como interlocutor de Faraón. ¿Por qué la persona "tarda en el habla y torpe de lengua", es elegida como el vocero del pueblo judío encargado de tramitar el Éxodo de los judíos de la tierra de Egipto y de la esclavitud? ¿Por qué Moshé, que pide repetidamente pruebas que es D-os quien lo envía, temeroso que Faraón no le va a oír, y no su hermano Aarón, mayor que él por tres años, obediente, que hace con verdadera alegría todo lo que le solicitan?

D-os le pide a Moshé tres veces antes que éste acepte el encargo de ir a ver a Faraón. En cada oportunidad el mandato es levemente distinto, y en cada una Moshé discute con D-os.

En estos diálogos descubrimos nuevas facetas de la personalidad apasionante de Moshé, que en primera instancia no acepta en ninguno de estos casos el mandato divino y busca las maneras de no cumplirlo, pese a que al final termina llevándolo acabo. ¿Es ese el modelo de relación que nosotros propugnamos con H' –el del diálogo y la recapacitación, o el ideal es en la obediencia inmediata?

La primera vez en que Moshé alega no poder cumplir con lo que D-os le pide es frente a la zarza ardiente. “Pero H’ siguió diciendo: —Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias. Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel. Me refiero al país de los cananeos, hititas, amorreos, frizeos, jiveos y iebuseos” (Shemot 3: 7-8), a lo que Moshé responde, que en realidad teme a su propio pueblo, según lo que nos dice la Torá: “Moshé volvió a preguntar: — ¿Y qué hago si no me creen ni me hacen caso? ¿Qué hago si me dicen: "H’ no se te ha aparecido"? (4:1), y para no hablar con Faraón, alega otro argumento: “—Señor, yo nunca me he distinguido por mi facilidad de palabra —objetó Moshé—. Y esto no es algo que haya comenzado ayer ni anteayer, ni hoy que te diriges a este servidor tuyo. Francamente, me cuesta mucho trabajo hablar” (4:10). Moshé sabía que Faraón le iba a creer, por eso, al negarse, usa el argumento de sus dificultades en el habla. En ambos casos no se apura en obedecer.

En el siguiente encuentro: “H’ le había advertido a Moshé: «Cuando vuelvas a Egipto, no dejes de hacer ante Faraón todos los prodigios que te he dado el poder de realizar. Yo, por mi parte, endureceré su corazón para que no deje ir al pueblo. Entonces tú le dirás de mi parte a Faraón: "Israel es mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo para que me rinda culto, pero tú no has querido dejarlo ir. Por lo tanto, voy a quitarle la vida a tu primogénito." » (4:21-23). Como que pidiéndole le informe lo que sucederá mucho tiempo después con la plaga de los primogénitos, como que eso ya estaba decidido plenamente. Pero, en ningún lado encontramos que Moshé le haya dado ese aviso a Faraón, ni que H’ le haya hablado acerca de las diez plagas, ni que esa comunicación tenga implícito o explícito el aviso que todos los primogénitos van a morir.

En el encuentro siguiente entre H’ y Moshé que tiene lugar después de la salvación de su hijo, leemos: “—Toma en cuenta —le dijo H’ a Moshé— que te pongo por D-os ante Faraón. Tu hermano Aarón será tu profeta” (7:1). ¿Qué significa que H’ pone a Moshé como dios ante Faraón?

Para intentar dar una respuesta a estos interrogantes, nos remitiremos a algunos versículos que todos conocemos muy bien, y que de alguna manera, aunque indirecta, nos llevan también al significado de su nombre, tal como lo desarrolláramos en nuestro comentario acerca de la parashá de los nombres –Shemot-.

“Ya en el camino, en una posada, H’ salió al encuentro de Moshé y quiso matarlo. Pero Tzipora, tomando un cuchillo de pedernal, le cortó el prepucio a su hijo; luego tocó los pies de Moshé con el prepucio y le dijo: «No hay duda. Tú eres para mí un esposo de sangre. Después de eso, H’ se apartó de Moshé. Pero Tzipora había llamado a Moshé «esposo de sangre» por causa de la circuncisión. H’ le dijo a Aarón: «Anda a recibir a Moshé en el desierto.» Aarón fue y se encontró con Moshé en la montaña de D-os, y lo besó” (4:24-27).

Moshé le debe la vida nuevamente a una mujer, esta vez a su esposa, la anterior a la hija de Faraón.

Y ese hombre, que fue niño criado en el palacio, tiene la sensibilidad de no poder ir a la casa de quien lo había adoptado, criado, educado y convertido en hombre, para anunciarle una desgracia. Ese respeto por la casa que lo hizo grande, le da el valor de enfrentarse incluso con D-os. Moshé quizás pensó: 'si alguien debe ir a enfrentar a Faraón, que sea otro'. Él no podía. Si no hubiera salido a defender a sus hermanos, quizás le hubieran coronado Faraón o por lo menos su segundo. Hubiera sido el nuevo Iosef.

Quizás en ello estriba la razón de la elección. Moshé, -el sacado de las aguas-, el salvado de la muerte cuando sus hermanos eran asesinados cruelmente, debe sobreponer el deseo tan normal de gratificar a su benefactor, porque Faraón era un asesino. Muchas veces se producen identificaciones afectivas con delincuentes y asesinos que en la relación con algunos de sus cercanos son generosos y hasta simpáticos, que impiden comprender racionalmente la gravedad de sus actos.

Moshé era el más cercano al rey y era su opuesto en acciones y en sentimientos. Allí está la prueba. Por ello nadie sino él, pese a su dificultad para hablar, debía tomar ese papel que H' le pide.

"Voy a quitarle la vida a tu primogénito", es la frase que Moshé entiende, quizás porque su propio hijo mayor estuvo a punto de perderla y la hija de Itró, fue quien le salvó. La otra, es que H' lo pone como D-os delante de su padre adoptivo. "No más lástima al tirano, -pudo entender Moshé- júzgalo por sus acciones como si fueras D-os".

La relación de H' con su pueblo es la de un verdadero padre con sus hijos. Y, Moshé, el elegido, comprende y actúa. Después de las dudas le vino la certeza. Después de la negación, la obediencia.

En ese momento, nace un libertador.

Shabat shalom, desde Sión.



6 de diciembre de 2010

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PARASHAT VAIGASH

El ayuno de Tevet


Invierno en Israel y en el hemisferio norte. Noches largas y frías en las que se puede estudiar un poco más. "De las largas noches de tevet, salieron muchos sabios." Son éstos, días breves en Israel y en el Hemisferio Norte. Y enseguida comenzarán a alargarse como simbolizando que se acerca una nueva luz, la de la redención. Es un consuelo. Salimos de Janucá y ya nos encontramos envueltos en el ayuno del 10 de tevet. 

Emergemos de Janucá, con el sentimiento que no hemos aprovechado la fiesta hasta el fin. Salida difícil, porque la razón del festejo, aún se encuentra en nosotros. Todavía nos hace falta. Nos enfrenta a dilemas, como si debemos iluminar únicamente nuestra casa, o si debemos sacar la luz extramuros e intentar después de reforzar nuestro particularismo para que se eleve y se convierta en parte de un mensaje universal. Después de la primera vela habíamos comenzado, un "crescendo" que se interrumpió abruptamente con la última vela. Como que necesitábamos un Janucá mucho más largo... Como que nuestros exilios y dolores, sirvieron, desde siempre para alimentar al otro con nuestra propia luz, a un precio demasiado elevado. Pero, ¿acaso se puede lograr algo sin pagar por ello? 

Y en este sábado nos enfrentamos con el fiel cumplimiento de la profecía revelada a Abraham, cuando le dijeron que debía saber que sus hijos serían esclavizados. Para ello era necesario que abandonen sus casas y su tierra y se dirijan a la ajenidad. Es en Egipto, donde Iosef, asimilado al régimen que servía después de haber sido acusado y encarcelado, y haber salvado su economía, se encuentra al fin y revela su identidad a sus hermanos. 

Sólo después, y con 22 años por medio se reencuentra con el padre que lo había preferido y que en su predilección por él, lo hace víctima de los celos de sus hermanos que casi le cuestan la vida. 

La parashá nos trae el intento de Iosef de establecer una reforma agraria en Egipto, que quizás iría acompañada con una reforma espiritual en las relaciones entre los propios residentes que se encontraban bajo los designios de Faraón y de una burocracia sacerdotal que les impedía ser libres. Sin embargo, la reforma queda incompleta y quizás por ello, los descendientes de Iaacov quedan esclavizados. Pese al poder omnímodo de Faraón y la jerarquía de Iosef, su reforma no llega hasta el final dejando una clase de privilegiados que luego no renunciarían a sus prerrogativas: "De esta manera Iosef adquirió para Faraón todas las tierras de Egipto, porque los egipcios, obligados por el hambre, le vendieron todos sus terrenos. Fue así como todo el país llegó a ser propiedad de Faraón, y todos en Egipto quedaron reducidos a la esclavitud. Los únicos terrenos que Iosef no compró fueron los que pertenecían a los sacerdotes. Éstos no tuvieron que vender sus terrenos porque recibían una ración de alimento de parte de Faraón. Luego Iosef le informó al pueblo: -Desde ahora ustedes y sus tierras pertenecen a Faraón, porque yo los he comprado. Aquí tienen semilla. Siembren la tierra. Cuando llegue la cosecha, deberán entregarle a Faraón la quinta parte de lo cosechado. Las otras cuatro partes serán para la siembra de los campos, y para alimentarlos a ustedes, a sus hijos y a sus familiares. - ¡Usted nos ha salvado la vida, y hemos contado con su favor! - respondieron ellos-. ¡Seremos esclavos de Faraón! Iosef estableció esta ley en toda la tierra de Egipto, que hasta el día de hoy sigue vigente: la quinta parte de la cosecha le pertenece a Faraón. Sólo las tierras de los sacerdotes no llegaron a ser de Faraón" (Bereshit 47: 20-26). 

Reformas a medias, inevitablemente, crean problemas. Pero, ya vimos en nuestro comentario de las semanas anteriores que sólo a través de perspectiva histórica alcanzamos a comprender el devenir de los acontecimientos y su causalidad. Nunca como en estos días del año, en los que salimos de Janucá, y nos adentramos en tevet ello es más actual, y la lectura semanal nos deja impresas pautas de interpretación que durante muchos años fueron indescifrables en su relación. 

Este shabat proclamarán en los templos sefardíes solemnemente: "Hermanos de la Casa de Israel, oigan, el ayuno del décimo mes, será el día miércoles y el Santo Bendito lo convertirá en gozo y alegría, tal como está escrito: "Así ha dicho H' de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se tornarán a la casa de Iehudá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad pues verdad y paz". 

La primera y traumática destrucción de Jerusalén se produjo por medio de Nabuconodosor el rey de Babilonia en el año 3338 de la Creación, a los 422 años AEC y la segunda destrucción alrededor de 200 años después que Matitiahu y sus hijos consiguieron devolver el reinado independiente a Israel. El ocho de tevet fue finalizada la traducción de la Torá al griego, versión conocida como la Biblia de los Setenta, también llamada Septuaginta, o Alejandrina, que es la principal versión en idioma griego por su antigüedad y autoridad. Su redacción se inició en el siglo III AEC (c. 250 AEC) y se concluyó a finales del siglo II AEC (c. 150 AEC), y fue considerada como una ruptura con el consenso que las Sagradas Escrituras debían quedar exclusivamente en su idioma original aún cuando durante algunos años e incluso siglos, en muchos países, el idioma sagrado no fuera dominado por el pueblo del Libro. El nueve murieron Ezra y Nehemia. El diez, Nabucodonosor comenzó la conquista de Jerusalén, sitiándola durante tres años, luego de los cuales las murallas fueron perforadas, en el mes de tamuz. "En el año noveno del reinado [de Tzidkiahu], a los diez días del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, marchó con todo su ejército y atacó a Jerusalén. Acampó frente a la ciudad y construyó una rampa de asalto a su alrededor. La ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del reinado de Tzidkiahu. A los nueve días del mes cuarto, cuando el hambre se agravó en la ciudad, y no había más alimento para el pueblo, se abrió una brecha en el muro de la ciudad, de modo que, aunque los babilonios la tenían cercada, todo el ejército se escapó de noche por la puerta que estaba entre los dos muros, junto al jardín real. Huyeron camino a la Aravá, pero el ejército babilonio persiguió a Tzidkiahu hasta alcanzarlo en la llanura de Ierijo. Sus soldados se dispersaron, abandonándolo, y los babilonios lo capturaron. Entonces lo llevaron ante el rey de Babilonia, que estaba en Riblá. Allí Tzidkiahu recibió su sentencia. Ante sus propios ojos degollaron a sus hijos, y después le sacaron los ojos, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia" (II Reyes 25:1-7). 

En nuestra época se decidió que el ayuno del 10 de tevet sea el día del Kadish general por las víctimas del Holocausto cuya fecha de desaparición es desconocida, uniendo en la historia fragmentos del destino de nuestro pueblo. 

"De las largas noches de tevet, salieron muchos sabios", dijeron jaza"l, refiriéndose a la mayor disponibilidad de horas para abrir los textos y estudiarlos. En las noches largas del dolor, debemos aprender la periodicidad de nuestra propia historia, de nuestra vida, que aún espera la redención, en los días en los que se cumplan las profecías y los días de duelo se tornen a la casa de Iehudá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Para que amemos verdad y paz. 

Shabat Shalom desde Sión, 


Rab. Yerahmiel Barylka 

22 de noviembre de 2010

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Parashat VAYESHEV

 Las acciones de los seres humanos, se juzgan en las Alturas, no sólo por la forma en que la perciben los seres humanos, sino por sus intenciones, escondidas al ojo del observador terrenal[3].


Vayeshev comienza con Iaacov, pasa a Iosef, habla de Reubén y Iehudá, y finaliza con Potifar y el ministro de bebidas. Entre las figuras de la lectura semanal, se encuentran personalidades aparentemente menores como las de Tamar[1] y la esposa de Potifar que no aparece por su nombre en el texto, y que intenta seducir a Iosef y al fracasar hace que lo encierren para que luego se convierta en el gobernador de Egipto, trayendo a su padre y a toda su familia al primer exilio del pueblo judío. Son textos posteriores los que nos revelan que su nombre era Zalija.

Hay quienes especulan que ese incidente de Iosef es el que posibilitó el Éxodo y la recepción de la Torá porque sin él, el hijo querido de Iaacov, hubiera continuado siendo criado en la casa de Potifar y su familia no hubiera llegado a Egipto. Hay en esta interpretación, algo muy valioso, que es el mensaje que nos dice que una acción llevada a cabo en un lugar y en un momento, puede desatar una sucesión de acciones impensables en un primer momento e indescifrables para la mayoría de las personas. Claro, que los tosafistas que así lo interpretan, lo hacen muchos siglos después del suceso. Los contemporáneos no pudieron prever jamás lo que iba a suceder después. Hay en esta línea de pensamiento un mensaje para cada uno de nosotros que se apura en sacar conclusiones incluso de acciones inconclusas y derivar de ellas hipótesis y especulaciones.

Nuestros sabios juzgan con benevolencia no sólo a Tamar, a quien el mismo Iehuda da la razón, sino también a la esposa de Potifar (Ver Sotá 10 b, y Bereshit Raba 85, 2), acerca de quien afirman que había consultado a sus astrólogos que le habían revelado, que de ella (o de su hija) Iosef iba a tener descendencia. "¡Vengan y vean las obras de D-os, las cosas admirables que ha hecho por los hijos de los hombres!" (Salmos 66:5), es la invitación del salmista que sirve como introducción a esa interpretación. Nuestros sabios identificaron a Osnat hija de Poti Fera, el sacerdote de On, que según Bereshit 41:45, Iosef tomara por esposa como la hija de esa mujer (ver Ialkut Shimoni) [2].

Las acciones de los seres humanos, se juzgan en las Alturas, no sólo por la forma en que la perciben los seres humanos, sino por sus intenciones, escondidas al ojo del observador terrenal[3].
Son las mujeres de esta parashá las que toman iniciativas, no esperan que los hombres decidan por ellas, no son pasivas. Cuando su interés y por su intermedio, el interés del pueblo se haya en juicio deciden por el pueblo todo.

Sin embargo, otras fuentes nos traen una interpretación totalmente diferente de los mismos versículos, que nos llevan incluso a encontrar una figura jurídica que recién en nuestra época se ha impuesto que es la del "abuso de la autoridad" para obtener medios o acciones reprobadas. Hay por cierto, una escuela completa que intenta ver en esas mismas acciones el mal personificado[4].

En el Talmud (Sotá 32 a) la esposa de Potifar, es criticada porque confabulaba abusando de su posición de ser la cónyuge del amo de Iosef, que le confería autoridad sobre el criado, para disponer de él como mejor le placía. Uno de los midrashim nos cuenta que condujo a Iosef a pasear por el palacio, llevándolo de habitación en habitación, hasta llegar a su punto de destino y allí encontró un ídolo grabado en el cielorraso, que cubrió por respeto, antes de continuar con sus intenciones. A lo que Iosef la increpó diciendo, cubres un ídolo inerme para que no te observe tu accionar y al Santo Bendito que tiene ojos en todo lugar, ¿no temes?
Nuestros sabios comenzaron a llamar a Iosef a partir de este relato que aparece en el midrash "Iosef Hatzadik"[5], sin perjuicio que en la guemará rabí Iojanán interpreta el versículo: "Pero aconteció un día, cuando entró él en casa a hacer su oficio, que no había nadie de los de casa allí" (39:11), que también Iosef sabía de qué se trataba. Ese versículo es discutido también por Rav y Shmuel, quienes se cuestionaban si había ido a trabajar realmente o simplemente porque fue a hacer sus necesidades (en una velada alusión que sabía para qué causa estaba allí). Sin embargo, Iosef huye aunque deje en manos de la mujer sus prendas que servirán para encarcelarlo.

El relato de la Torá no lo dice expresamente, pero, es evidente que las autoridades, incluyendo a Potifar, no creyeron en la confabulación que la mujer tramó, aún usando argumentos que hacían referencia al origen y la clase social de Iosef: "--Miren, nos ha traído un hebreo para que hiciera burla de nosotros. Ha venido a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces. Al ver que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y salió huyendo. Puso ella junto a sí la ropa de Iosef, hasta que llegó su señor a la casa. Entonces le repitió las mismas palabras, diciendo: --El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme. Y cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera. Al oír el amo de Iosef las palabras de su mujer, que decía: «Así me ha tratado tu siervo», se encendió su furor. Tomó su amo a Iosef y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey; y allí lo mantuvo" (39:14). Si Potifar hubiera creído lo que su mujer le dijo no hubiera encarcelado a Iosef sino lo hubiera mandado a ejecutar inmediatamente. Los midrashim nos relatan que distintas pruebas que intentó fabricar la mujer fueron llevadas a expertos que demostraron que eran un embuste. Pese a todo Iosef, sale de la trampa, y después de la cárcel llega a los máximos honores.

La mujer de las Escrituras, lejana estaba de ser objeto y sus acciones dejaron su impronta en nuestra historia como nación, como la dejan en nuestra historia familiar. Parece repetitivo, pero, conviene recordar que nuestros Padres y Madres fundadores, fueron seres humanos sometidos a los mismos deseos e instintos que como a nosotros mismos, nos enfrentan con pruebas que debemos pasar exitosamente, según nuestras propias capacidades. Si ellos pudieron, nosotros también somos capaces de ello.

Shabat Shalom, desde Sión,

Rab. Yerahmiel Barylka
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[1] Tamar debe enfrentarse con su suegro Iehudá, engañarlo, embarazarse de él teniendo mellizos. Uno de sus descendientes llegará a ser nada más y nada menos que David el rey de Israel, ascendente de quien esperamos el pronto nacimiento de Mesías.
[2] Jizkuni nos dice que haber tomado a la hija de Poti Fera como esposa, demuestra que no estuvo involucrado con la madre. Otros consideran que la misma familia de la mujer y Faraón necesitaban rehabilitar a Iosef después de lo que sufriera por la acción de la mujer. Para Faraón estaba claro que "el hombre inteligente y sabio", sobre el cual "está posado el espíritu divino", no podía haber caído en esa trampa. Es de suponer que Faraón citó a Potifar para verificar personalmente la verdad de la acusación y se convenció que no era sostenible. Por ello, Iosef no fue encarcelado sino en un instituto para detenidos políticos (39:20). La boda fue arreglada por el mismo Faraón.
[3] En varios discutidos casos, algunos de nuestros sabios son más que benévolos en sus interpretaciones, como es el caso de las hijas de Lot, en el que rabí Ieoshúa ben Korja, destaca en Nazir 23 b, que por la acción de la hija mayor, generaciones después tendríamos también como descendiente al rey David. El Santo Bendito fue quien hizo que en la cueva hubiera vino, que dieron de beber a su padre para que pierda la conciencia. Aparentemente esa indulgencia, se basa en las buenas intenciones de las mujeres que tenían según ellas entendieron una buena razón para su conducta, que era la de la salvación de la humanidad que creían podría desaparecer.
[4] Incluso nos encontramos con quienes reprueban a Iaacov por haber besado a Rajel, y a ella por haber sido besada tal como leemos: "Y sucedió que cuando Iaacov vio a Rajel, hija de Labán, hermano de su madre, y las ovejas de Labán, el hermano de su madre, se acercó Iaacov y removió la piedra de la boca del pozo, y abrevó el rebaño de Labán, hermano de su madre. Luego Iaacov besó a Rajel, alzó la voz y lloró" (Bereshit 29:10-11). Sin embargo, hay consenso entre los intérpretes en no ver allí ningún acto reprobado.
[5] Los sabios aportan también otras explicaciones que justifican que le llamen el justo, a las que nos referiremos con la ayuda de H’ en el comentario de la semana próxima.