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1 de diciembre de 2009

 El Día del Juicio y el principio de la causalidad

Reflexionando sobre el Año Nuevo

Rabino Yerahmiel Barylka

El nombre Rosh Hashaná, no figura en la Torá, tampoco Iom Hadín – el Día del Juicio. La Torá nos habla del primer día del séptimo mes, que no suena muy indicado para iniciar un año, sino más bien, para hacer los balances de la mitad del ejercicio. Sin embargo, en Babilónico, Rosh Hashaná 8ª, se determina que el versículo de Salmos 81:4 “Tocad el shofar cuando la luna está oculta, en el tiempo señalado, en el día de nuestra fiesta solemne” que se complementa con el siguiente: “Porque estatuto es de Israel, ordenanza del Señor de Jacob”, consagran al primer día del séptimo mes, como Día de Juicio, amparándose también en el versículo de Deuteronomio 11:12 “Tierra de la cual H’ tu D’s cuida: siempre están sobre ella los ojos de H’ tu D’s, desde el principio del año hasta el fin de él”. De allí que a principio de año se sabe lo que sucederá a su finalización.

Dos tragedias sucedidas a fines del mes de av, demuestran el principio de la causalidad que puede permitir prever los acontecimientos del futuro. Una, la de Bagdad, cuando más de mil personas murieron al cruzar el puente, espoleados por la amenaza terrorista y la otra la de la ciudad de Nueva Orleáns, espacio en el que en momentos de escribir estas líneas aún no se sabe la cantidad de muertos. Ambas desventuras hubieran podido ser evitadas si se hubiera visto con tiempo que las negligencias criminales se pagan en algún momento con la vida de seres inocentes. “Desde el principio del año”..., se hubiera podido actuar de otra manera y se hubiera evitado pasar por el Día del Juicio con un balance tan terrible.

El shofar, que servía en la antigüedad como instrumento militar, alertaba la cercanía del enemigo y se usaba para ordenar que las huestes avancen. El shofar sirve en nuestros días para despertarnos del letargo en el que nos encontramos sumidos por la rutina, cuando actuamos sin ver al inicio de cada acción lo que la misma puede depararnos con los años. Así, hay quienes fuman, porque las consecuencias del cigarrillo no son inmediatas. Si se produjera el enfisema o el cáncer con la primera bocanada, nadie encendería un cigarrillo. Pero, los fumadores no ven y no sienten lo que sucede al final, por más que en los envases haya una leyenda de prevención decidida por las autoridades sanitarias, que tampoco ven, que si prohibieran el tabaco, pese al inmediato dolor por dejar de recibir los fondos de los impuestos que aportan a la economía, la misma no tendría que pagar los gastos hospitalarios sinfín, del tratamiento de los enfermos.

Lo mismo sucede con las acciones de cada persona consigo misma, con su prójimo y con D’s. Aprendimos de niños que cada gestión genera una reacción, y toda conducta tiene sus resultados, aunque por lo general no somos concientes de ellos, ni de cuando se producirán, ni acerca de los efectos que puedan tener para nuestra vida material y espiritual. Si pensáramos en el resultado ante cada acción nuestra vida sería mucho más placentera. Valga sólo como ejemplo lo que sucede cuando escribimos un e-mail hablando mal de una persona, los resultados previsibles indican que nunca sabremos quien recibirá copia ni quien oirá los epítetos no reproducibles, sin embargo no cuidamos la lengua de la maledicencia y del chisme. Ahora ya sabemos que lo que se dice aquí, se oye allí, y que todas las letras se anotan en un Libro lejano y se guardan en la Memoria.

Los ojos de H’ se posan sobre la Tierra de Israel no porque sea mejor que la de Egipto, sino porque es dependiente de la acción de sus habitantes. Debe guardarla de las torpezas y los errores. Se posa en la iniciación del año, en el principio del mes hebreo, cuando la luna está oculta, casi eclipsada antes que percibamos su luz reflejada hacia nosotros, y ve a través de nuestra oscuridad los efectos de cada acción con claridad meridiana. En esto no hay trampas. No podemos, como reza el ahora proverbio, sumergirnos en aguas puras y cristalinas llevando alimañas y roedores asidos en la mano. No sirven los baños de pureza sino son precedidos por conducta limpia.

Israel desunida es una fórmula para su sufrimiento. Insensibles al dolor ajeno, nos preparamos para que el otro sea indiferente al nuestro. Si no construimos una buena base ejemplar en la educación de nuestros hijos, los condenamos a la enajenación. Si seguimos dioses con pies de barro, se caerán sobre nosotros como el Golem arrastrándonos al fango.

Los versículos de Deuteronomio 11: 13 y siguientes nos hablan también de esa relación de causalidad: “Y será que, si obedeciereis cuidadosamente mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a H’ vuestro D’s, y sirviéndolo con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, Yo daré la lluvia de vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía; y cogerás tu grano, y tu vino, y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus bestias; y comerás, y te hartarás.” Esa es la condición. Cumplir y obedecer los mandamientos. Cumplimiento que no se puede reemplazar por otras acciones, ni siquiera aquellas que parecen piadosas, tanto como que los desodorantes bucales no pueden quitar el olor del tabaco de los fumadores. No hay casualidades. Hay causalidad.

Rosh Hashaná, se acerca con el sonido del shofar para decirnos que el Día del Juicio no es solamente al inicio del séptimo mes, sino, en cada instante en que actuamos o hablamos, pero, que ese día largo de 48 horas, nos permite tratar de ver sus consecuencias y nos brinda una rara oportunidad de cambiar el rumbo para modificar los resultados. Por eso, pedimos con nuestras últimas fuerzas: Zojrenu, recuérdanos para la vida, Rey que deseas la vida, e inscríbenos en el Libro de la Vida.

"זכרנו לחיים מלך חפץ בחיים וכתבנו בספר החיים למענך אלקים חיים"

ROSH HASHANÁ

¿Podremos iniciar un nuevo año?

Escrito tiempos de la Segunda Guerra del Líbano

Rabino Yerahmiel Barylka (Jerusalén)

“¿Se toca el shofar en la ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Ocurrirá en la ciudad alguna desgracia que H’ no haya provocado?” Amos 3:6

Uno. Cuando a partir del 17 de tamuz de este año, comenzaron a oírse recurrentemente las alarmas antiaéreas que anunciaban que cada persona tenía apenas unos segundos para llegar a un refugio antes de la caída del proyectil disparado por el Hizballah, no todos se apuraron a guarecerse en lugares seguros. Y cayeron los cohetes, y sonaron las alarmas, y se dañaron hogares y se produjeron heridos, y personas murieron. No todos quisieron refugiarse, no todos pudieron. Los árboles no podían decidir arrancarse de sus raíces y cuidarse y centenares de miles resultaron quemados. Y las alarmas, después de unos días eran anunciadas también en la radio, en la que los locutores interrumpían los programas y pedían que la gente se cuide. El peligro con los días se volvía más tangible y la respuesta de jóvenes y adultos se hacía más rápida y más eficiente. Cada día menos personas se permitían exponer al peligro. Muchos de los que quedaron en la zona de peligro apenas salían a la calle, quedándose en los refugios, otros permanecían siempre cerca de una pared protectora. Y cuando los iraníes y sirios y sus discípulos libaneses se sorprendieron del bajo número de víctimas, para sus cálculos, que las 4000 katiushas provocaron en el norte de Israel, confesaron no haber tomado en cuenta que los israelíes podrían disciplinarse y tomar conciencia del peligro. No creían que las alarmas les iban a conmover y les conducirían a encontrar amparo y a adoptar las medidas de seguridad que se les ordenaba.

Dos. Un renglón de una discusión acerca del enjambre ideal de las relaciones entre hombres y mujeres en Masejet Eruvin 18b, permite llegar a la conclusión que es mejor comenzar el proceso de arrepentimiento en el mes cuyo signo zodiacal es Leo – menajem av- y no esperar comenzar ese difícil proceso en el signo de Virgo –elul-. Parece que con un mes no es suficiente, por más que se oiga el sonido del shofar todos los días. Las alarmas antiaéreas en tamuz, para aquellos que las oyeron, ilustran mejor que cualquier explicación el porqué de la decisión de hacer sonar el shofar antes de Rosh Hashaná. A quienes tenemos la ventura de residir en nuestra tierra, las alarmas de este año que se acaba, nos informaron que hay que comenzar en tamuz, que no alcanza con av, no es suficiente en elul, si uno está tan dormido que no ve el peligro. Si las alarmas suenan más temprano, mayores son las posibilidades de tomar conciencia, cambiar de rumbo y de encontrar refugio. El problema es que aún después de la alarma, hay quienes tienen dificultades de cambiar de rumbo y regresar sobre sus pasos para iniciar una nueva ruta. La inercia en el camino de la vida, es muy peligrosa, puede costar la vida material y mucho más la espiritual. Quienes estaban apurados para llegar a lo que pensaban era su destino y no bajaron de los automóviles para buscar amparo o por lo menos para tirarse al piso para protegerse sufrieron las esquirlas que les dejarán marcas para toda la vida.

Tres. El Oraj Jaim 581, nos da otra razón para tocar shofar en elul, citando a Pirke de Rabi Eliezer (46), diciendo que Moshé había subido al inicio de elul al monte y se hizo tocar el shofar en todo el campamento, para apartar a las personas del paganismo, el shofar permite unción y elevación: “Subió D’s con teruá, el Señor con toque de shofar” (Salmos 47:6). Durante el sonar de las alarmas muchos se acordaron de decir Shemá Israel y se unieron a quienes buscaban elevarse.

Cuatro. Otros sabios dicen que las alarmas de elul, permiten reflexionar para no cometer los mismos errores, para no regresar a la estupidez de no haber pronosticado lo necesariamente previsible. La suma de los errores trae desgracias, la suma de aciertos y de previsión, da tranquilidad. Es más que humano hacerse los sordos y los ciegos ante los peligros pero el precio que se paga por la imprevisión es terrible. Si en lugar de correr, de perseguir lo urgente en lugar de lo importante, uno pudiera detenerse a reflexionar, las cosas se verían diferentes. No solo los débiles deben buscar refugio y arrepentirse de su lentitud, sino también los que se saben píos. Nadie está exento de la posibilidad de mejorar sus posiciones y los refugios interiores.

Cinco. Rashí nos dice inspirado en la guemará Sotá 37b que el pacto que se firmó en los montes de Grizim y Eival, es un compromiso de mutua garantía entre todos los miembros del pueblo. El Maharal nos dice que el cambio metafísico de individuos aislados para convertirse en comunidad, se debió al ingreso del pueblo a la Tierra de Israel, convirtiendo a cada uno y una, en parte inseparable del cuerpo todo. Sea la razón que fuera, nadie puede escapar a esa unión. En Israel, tampoco quienes no son judíos, pudieron disgregarse del destino común. Sólo les quedó, como premio consuelo, a algunos que no se identifican con Israel, el pedido de perdón de Nasrallah ya que contra ellos no estaban apuntados sus proyectiles, que igualmente les dañaron, hirieron y mataron. Algunos no oyeron las alarmas o no encontraron refugio. Otros creyeron que eran inmunes. Pero, cuando uno resultó lastimado, el dolor fue de todos y cuando alguien se salvó, todos vivieron la salvación como propia.

Seis. Los habitantes del centro de Israel no necesitaron que nadie les llame para que se ofrezcan a refugiar en sus hogares a los desplazados del norte. No fueron sólo aquellos que tenían casas grandes o medios económicos de sobra, ni los más puros, ni los más santos. La responsabilidad espontánea fue compartida por todos. Nadie podía quedarse en la calle. Nadie debía enfrentarse solo con el enemigo de adentro y de afuera. El pueblo se une ante la necesidad. No se podía esperar que ajenos vengan en auxilio cuando la necesidad es perentoria. Tampoco se puede dejar de ayudar al menesteroso esperando el apoyo gubernamental o el institucional. También en lugares donde no hay guerra. La miseria debe ser combatida a través del individuo mientras siente que es parte del colectivo.

Siete. En épocas como éstas, no sólo los sabios, o los más comprometidos deben enseñar la Torá a los demás. Todos por igual deben abrir los portones de la Justicia, las puertas del conocimiento y aportar su calor para que los errores se enmienden. Para encontrar las pautas de conducta correctas. Para entender el sentido de las cosas y de la vida. Las mitzvot están entrelazadas con lo cotidiano. No son un cuerpo separado de la experiencia vital. Quien pone atención encontrará oportunidades a cada segundo de hacer el bien. De mejorarse. De elevarse. De ayudar al prójimo a corregirse y a renovarse. Las mitzvot no son prerrogativa de los observantes en la relación con la Divinidad, son parte de la manera de vida de todo judío. Nadie tiene derecho de guardar el conocimiento para sí o dejar de denunciar a los falsificadores de la verdad.

Ocho. Para iniciar una nueva etapa se debe nombrar una comisión investigadora imparcial que pueda evaluar hasta el fondo qué nos pasó hasta ahora. En qué nos equivocamos. Qué defensas descuidamos. Qué flancos dejamos descubiertos. Cuánto nos mentimos. Cuánto, en nuestra soberbia y en nuestra omnipotencia, pensábamos que éramos invisibles. Cuántos cálculos hicimos equivocadamente. Qué poco que valoramos las amenazas del enemigo y cómo fue que nos descuidamos de seguir atentamente su rearme, de notar su acoso implacable, de no oír las prevenciones de quienes sí veían y oían y avisaban. Pero, no alcanzará que leamos las conclusiones de quienes nos ayuden a la introspección y al examen si no estamos dispuestos a cambiar y sin no tenemos la energía vital y la creatividad para prepararnos para una nueva etapa en la que no nos puedan sorprender con la guardia baja. Cuando no hay comisión investigadora, el trabajo debe hacerse por cada uno. Es más arduo, pero los resultados pueden ser mejores. Quienes no quieren o no pueden enmendarse pueden ahorrarse el trabajo de elegir a supervisores.

Nueve. Si recibimos Rosh Hashaná sin el cambio necesario, nos quedamos en el pasado, y la fiesta no tendrá sentido aún si vamos a los templos a abrir el devocionario, a oír las prédicas o a saludar a las abuelitas. Seguiremos descuidados, confiados, sordos e insensibles, y seremos sorprendidos por las sorpresas que nos acechan a la vuelta de la esquina. No habrá año nuevo, por más que comamos manzanas con miel, si no cambiamos. La miel puede hacer hiel. Es mejor hacer de hiel un dulce cuando cortamos con el ancla de la inacción.

Diez. Mejorarse es difícil pero no es imposible. Regresar a sí mismo y a sus Fuentes, da placer. “Vuélvanse a mí, y yo me tornaré a ustedes, ha dicho H’ de los ejércitos”, leemos en Malaji 3:7. Arrepentirse y reconocer los errores no es una debilidad sino una muestra de fortaleza sin par. En el judaísmo el ser humano tiene siempre la posibilidad de reparación y de recrearse. Cuando se corrigen los errores radicalmente, se borran los registros, si verdaderamente uno está dispuesto a no volver a cometerlos. Hay incluso deslices que se convierten en catalizadores para la realización de actividades positivas. Rosh Hashaná invita a romper rutinas vacías que limitan la libertad y la potencialidad humana. Desde el último 17 de tamuz nos estimularon para rever nuestras acciones por temor. A partir del primero de tishrei podremos iniciar por amor una nueva etapa. Si tuviéramos éxito, y no hay razón para no tenerlo, comenzaremos un año dulce, fructífero, próspero, seguro, y de paz. El sonido de la alarma del shofar podrá convertirse en un toque de júbilo y alegría, de renovación y de festejos. No olvidaremos el dolor de la otra alarma, pero, con alegría podremos evitar que regrese a asustarnos y a angustiarnos. Rosh Hashaná nos invita a ello. El toque de shofar en su jornada nos lo reclama. Depende de nosotros.

Con atentos deseos de LESHANA TOVA TIKATEVU VETEJATEMU

Rab. Yerahmiel Barylka

1 de junio de 2009

Rosh Hashaná - Una fecha misteriosa

Día de Trompetas

Rabino Yerahmiel Barylka

“H’ le ordenó a Moisés que les dijera a los hijos de Israel: «El primer día del mes séptimo será para ustedes un día de reposo, una conmemoración con toques de trompeta, una fiesta solemne en honor a H’”. (Vaikrá 23:24) 

“El día primero del mes séptimo celebrarás una fiesta solemne, y nadie realizará ningún tipo de trabajo. Ese día se anunciará con toque de trompetas” (Bemidbar 29:1) 

Es interesante notar que los dos versículos citados que señalan la festividad del primer día del séptimo mes, le llaman exclusivamente con el nombre de Iom Teruá, el día de hacer sonar trompetas y de recuerdo de la Teruá, pero, no hacen referencia al año nuevo. No queda muy clara tampoco, la razón por la que la Torá se refiere a Iom Teruá y no, a Iom Tekiá, cuando teruá se aplica también a sonidos muy fuertes que expresan alegría de un cúmulo de personas y no necesariamente una resonancia dramática (Ver Shmuel A, 4:5, y Tehilim 66:1, particularmente este versículo en el que herihu es traducido como la orden de aclamar y no necesariamente con cuernos de carnero).

Nuestros sabios nos explicaron que los versículos citados se refieren al precepto de hacer sonar el shofar en Rosh Hashaná que acaece en día de semana y cuando cae en Shabat en el que sólo se recordará la acción pero que no se ejecutará. Sin embargo, la norma de abstenerse de tocar el shofar en Shabat es bastante posterior, ya que en la época del Beit Hamikdash, se tocaba también en Shabat.

Llama también la atención la descripción que hacen Ezra y Nejemiá del festejo del primero de tishrei que se llevó a cabo en su época, sin que se haga mención a Iom Teruá ni a Iom Zijrón Teruá, pero estableciendo la lectura pública de la Torá desde la mañana hasta el mediodía (Ver Ezra 3: 1-3 y Nejemia 8:1-12).

Los sabios del Talmud discutieron y dijo rabí Eliezer (Mishná Rosh Hashaná 10-11), el mundo fue creado en tishrei… rabí Iehoshúa afirma que fue en nisán. Tocar el shofar vendría a recordar la Creación según la opinión, por cierto no unánime, que expresara rabí Eliezer.

Si continuamos con esta línea de razonamiento, vamos a comprobar que pareciera, que aparentemente, no hay relación entre lo prescrito en la Torá con las plegarias que decimos ese día sagrado de dos jornadas fundidas en una.

El majzor, ese compendio de plegarias, nos presenta un Rosh Hashaná que es el primer día de los Diez de Expiación, tiempo de arrepentimiento, de perdón, de absolución.

Pero, esa comprensión de año nuevo, no comienza ese día sino que viene precedido con una ardua tarea de preparación de los corazones para el arrepentimiento, durante por lo menos todo el mes de elul, el sexto del calendario. En cada uno de esos días se lee dos veces por día el salmo 27, se toca shofar, y según los rituales, se dicen las selijot durante todo el mes o en la última semana del año. Así Rosh Hashaná, se convierte en parte indisoluble de Iom Kipur que se festejará diez días después.

De pronto, la remembranza de la teruá, pareciera indicarnos que algo nos debe recordar, pero la Torá, no nos dice qué, lo deja en la nebulosa. No nos recuerda lo que debemos tener presente. Nos obliga a decidirlo por nosotros mismos.

Rosh Hashaná queda envuelto en otro misterio. En la Torá no aparece la razón de la fiesta, ni por asomo, ni por insinuación. Nada.

Así pues, no nos queda más remedio que aplicar las reglas de la hermenéutica que nos brinda el Talmud, para resolver los misterios formales y descifrar los enigmas alejados de nuestra comprensión.

Por suerte, basta una investigación superficial para encontrar asociaciones y paralelos con otras oportunidades en las que se debe hacer tañer las trompetas. “H’ le dijo a Moshé: «Hazte dos trompetas de plata labrada, y úsalas para reunir al pueblo acampado y para dar la señal de ponerse en marcha”, nos dice Bemidbar 10:1-2, y allí mismo agrega: “Al primer toque de avance, se pondrán en marcha las tribus que acampan al este”, dándole la función de poner en marcha al campamento, y “Cuando celebren fiestas en fechas solemnes o en novilunios, también tocarán trompetas…”, nos agrega el mismo capítulo. Y por si fuera poco, aparecen “Cuando estén ya en su propia tierra y tengan que salir a la guerra contra el enemigo que les oprime, las trompetas darán la señal de combate. Entonces serán recordados delante de H’ y los salvará de sus enemigos”.

El pueblo judío tiene el derecho, de hacerse recordar delante del Creador para que lo salve. Más que derecho de hacerse recordar, tiene derecho de exigir ser recordado.

Ahora sí, parece que podemos intentar contestar las preguntas expresadas. Rosh Hashaná y el sonido del Shofar vienen a responder a dos necesidades que no se excluyen. La primera es poder exigir que nos salven de nuestra propia caída. De haber sido débiles y haber sucumbido a los deseos de hacer las cosas en forma incorrecta, y de habernos abstenido de hacer lo correcto, quedándonos sin fuerza para elevarnos a la desidia y a la apatía. Pero, H’ no puede hacer el trabajo sin que nosotros, en un momento de lucidez nos dirijamos hacia Él reconociendo que pese a nuestras debilidades, estamos preocupados y necesitamos ayuda para volver a ser nosotros. Nosotros en el sentido de signatarios del Pacto, plenos de nuestra identidad, que si fallamos fue por debilidad y no por desear romper nuestro compromiso.

También necesitamos de Él y de convocarlo en las guerras reales.

Quienes residimos en Israel, sabemos mejor que nadie lo que significa un estado de guerra permanente.

Después de la experiencia de la Segunda Guerra del Líbano, de no hace mucho más que un año, sabemos lo que significa la indolencia, el abandono, la distracción, el desgano, la dejadez, el confiar que todo se va a arreglar sin nuestra actuación, dejando que otros hagan el trabajo de luchar por nuestra subsistencia.

La Torá nos presenta Iom Teruá sin muchas explicaciones en el texto, para obligarnos a entender los peligros que nos rodean, que si no lo hacemos solos, tampoco entenderíamos si fueran escritos con todas las letras. El recuerdo es nuestro, pero, a partir de él, se hace del pueblo todo, de sus autoridades, y por encima de todo, después de nuestro desgarrador tañido del shofar para que se eleve hacia las alturas.

En este año, año de shmitá, sabático de deudas y de labores agrícolas, por lo menos quienes residimos en Eretz Israel, tenemos la oportunidad maravillosa de desafiarnos en nuestra fe, concretamente para esperar que en el cumplimiento de la norma que durante demasiados siglos estuvo alejada de nosotros podamos saber que la riqueza no está en nuestra sabiduría ni en las maniobras de los agentes de bolsa, sino en un acto de humilde fe.

Es la misma Torá la que abre la posibilidad exclusivamente en la mitzvá de shmitá que el pueblo ponga en duda la posibilidad de cumplir con un mandamiento, o que haga un cálculo preguntándose "¿qué comeremos en el séptimo año? La Torá es conciente que el año sabático puede poner en peligro la vida de las personas y puede provocarle hambruna, hasta el extremo de deber tranquilizarnos con "Mi bendición a ustedes en el sexto año", obligándonos a tener fe que con ella podremos sobrevivir al año siguiente. Fe que no es condición para el cumplimiento de la abstención de trabajar la tierra.

La de shmitá es una prueba que debemos pasar para poder tocar el shofar y convocar a nuestro Socio para buscar Su protección recordándole que le seguimos siendo fieles.

Recordaremos el sonido del shofar y lo haremos sonar para tener fuerza para impedir que la indolencia, el abandono, la distracción, el desgano, la dejadez, nos impidan hacer el difícil trabajo de luchar por nuestro espíritu, por nuestra identidad, que de alguna manera muy importante significa luchar por nuestra vida.

Al hacerlo, podremos comenzar un año nuevo, que será un ciclo renovado en nuestras existencias, marcado con el reencuentro con nuestro Pacto. Convertiremos así a Iom Teruá en Rosh Hashaná, que sólo fuera prescrito intrínsicamente en la Torá para que nosotros lo descubramos y lo hagamos realidad. Sin ello, no podremos comenzar una nueva etapa, aunque brindemos por un año feliz. El arrepentimiento a tiempo, sincero y profundo nos unirá al día de Kipur y dará trascendencia a nuestra nueva vida.

Tizku leshanim rabot neimot vetovot,

Que sean inscritos en el Libro de la Vida, por Quien nos recordará para darnos vida, por el Rey que ama la vida, porque es D-os viviente.

Con atentos y afectuosos saludos desde Sión,

Rab. Yerahmiel Barylka

27 de mayo de 2009

Rosh Hashaná es el día del Nacimiento del Universo

Rosh Hashaná  

Rabino Yerahmiel Barylka


Cuando pasamos la mitad del mes menajem av, con su festejo tan destacado en el Talmud y casi olvidado hoy del décimo quinto día, y superamos lentamente el duelo por la destrucción, nuestros oídos se afilan para percibir la entonación de "por el pecado…" que diremos en el 10 de tishrei. Pero, ¿y los corazones?

Cuando nuestros sabios dicen que aquella generación que no logra participar de la reconstrucción es como aquella que motivó la catástrofe y la desgracia nacional, levantan un dedo acusador también a la nuestra. A todas nuestras incorrecciones individuales, sociales y nacionales debemos sumar esta terrible falta: la del Hogar Espiritual que no pudimos reconstruir o porque nos quedamos buscando las comodidades del extranjero o porque importamos los valores ajenos a la Tierra que elegimos como residencia siguiendo el mandato divino o aún en ella seguimos pensando galúticamente.

Llegamos al fin de año con un desgaste difícil de recomponer. No nos pudimos detener en la marcha hacia delante. Seguimos sin encontrar rumbo. Estamos agobiados por la lucha por las necesidades más básicas, por el trabajo, el alimento, las ropas, el techo, la educación y por las deudas a los bancos y a las tarjetas de crédito que nos esperan ante cualquier retraso para castigarnos y sacarnos más dinero. Desperdiciamos largas horas en conversaciones sin sentido por medio de nuestros teléfonos celulares y no menos, en navegar por la Internet saturada por correo basura, enfrascados en diálogos sin sentido y sin fin. Las voces de falsos profetas llenaron nuestros oídos, sin poder cerrarlos pese a su falsedad evidente. En este año, esos profetas, ni se molestaron en intentar hablarnos en nombre de D'os, como lo hacían en otros tiempos, pero igualmente nos incitaron a servir a sus dioses del poder y del dinero, disfrazados de espirituales. Supieron vendernos becerros falsificados que intentaban imitar otros que por lo menos eran de metales fieles. Fuimos fáciles víctimas de sus ignominias sin tener argumentos para enfrentarlos, de tan profunda que es nuestra ignorancia de lo judío y verdadero. También fuimos fáciles portavoces de los enemigos de Israel que sólo buscan su destrucción, usando argumentos sociales e igualitarios, acompañados por sus secuaces más leídos. Todo ello en nombre del liberalismo y del pensar correctamente, sin detenernos en los hechos. Carecimos de energía para oponernos a la injusticia y a la explotación del más débil, a los racistas y a los sectarios, y para disciplinarnos lo suficiente como para dejar nuestros vicios. El cansancio nos impidió gritar a los fanáticos sectarios que no tenían razón y a denunciarlos frente a todos, particularmente si poseen bienes y prestigio social. Nos enfrascamos en conflictos ajenos, y juzgamos con liviandad al otro, sin siquiera saber de qué se le acusa. Sin embargo, adulamos a débiles e inútiles, pensando que iríamos a obtener ventajas de ellos. Los miedos ínfimos se hicieron de nosotros y nos dominaron quienes supieron detectarlos en nosotros aún antes que se conviertan en aterradores. No encontramos sosiego ni refugio, aún cuando nadie nos persiguió. Olvidamos la posibilidad de gozar con los tesoros de la Creación. Pasamos del júbilo a la irritación, de la desolación a la felicidad, recorriendo preocupaciones y pesares, indecisiones y recelos. Fuimos indiferentes al sufrimiento y a la pobreza de tantos cercanos y lejanos, al desconsuelo del más débil. Vimos y oímos como personas llegadas a la vejez pierden la imagen divina, y seguimos actuando como si fuéramos inmortales, y libres de ser abatidos por enfermedades.


Parece imposible que cambiemos.

Por angustias semejantes ya pasamos el año pasado y el antepasado y nos comprometimos a cambiar pero no pudimos. Tampoco tuvimos el tiempo para pensar en las transformaciones de nuestro ser. Por un instante, pesamos que éramos nuevos y distintos pero ante la primera prueba repetimos los mismos errores. Simplemente el miedo nos lleva por caminos conocidos aunque cuando pisemos cada mosaico nos salpique el fango. Preferimos eso antes de entrar a la emoción vertiginosa de iniciar un camino nuevo que desconocemos.

Nos olvidamos de agradecer a los hombres que nos hicieron algún favor y no nos acordamos de hacerlo con quien nos da el hálito de vida, nos provee de salud y de luz, nos ilumina el camino y nos rodea de amor. Nos faltan palabras para ello. El corazón se ha secado. La inteligencia se obnubila. Somos mediocres y débiles.

Por el pecado que cometimos, y reincidimos. Por los nuevos, por los distintos. Por los concientes cometidos con intención y felonía.

Llega elul y en sus noches, nos da la oportunidad de pensar y reflexionar en nosotros mismos cuando nos lo proponemos o cuando tomamos en nuestras manos las oraciones de selijot. Esas noches, nos invitan a dejar de mirar los defectos del otro, para circunscribirnos a las faltas propias, para encontrarlas y apuntarlas. Nos sugieren cerrar los ojos e imaginarnos lo que debe haber parecido el universo en el primer día de la creación. Prístino, fresco, incorrupto, sano y no contaminado. Tratar de suponernos qué sentía Adam apenas fue creado. Candoroso, puro e inocente. En tiempos en los que aún no había mentido, en los que aún no había aprendido a odiar. En los que amó exclusivamente a la única mujer que tenía frente a sí.

En Rosh Hashaná sentiremos el nacimiento de un mundo nuevo y podremos intentar recobrar el entusiasmo que tenemos cuando comenzamos un nuevo proyecto emocionante. En la Creación había una luz que no venía del sol. Era la de la primicia y de la creación. Esa luz está guardada para que la volvamos a descubrir y a gozar dice el Talmud. Los primeros sonidos del shofar no nos permiten que nos llamemos a engaño, y tampoco las selijot.


Pero, es en Rosh Hashaná cuando llegamos al paroxismo de la emoción. Pero, ni las oraciones ni los encuentros familiares y de amigos pueden alcanzar si no llegamos preparados para la elevación espiritual que nos permita hacer el cambio. El primer paso para volver a ser nosotros mismos. En el salmo 27 aprendimos que mi Luz viene de H', en Rosh Hashaná y mi salvación en Iom Kipur, es el baluarte de mi vida, en Sucot. Esa luz, ori, es la que H' ocultó esperando que la descubramos. Es una luz fresca, sin tocar, pura, y sencilla. Es la luz de Rosh Hashaná, en la que iniciamos una nueva senda, que nos da la salvación si nos arrepentimos en Yom Kipur y reestructuramos nuestras vidas. Ahora podemos mirar en el espejo del alma y preguntarnos si hay algo que quisiéramos cambiar. Si nos animamos a hacer las cosas que realmente deseamos hacer y no pudimos. Modificar actitudes pequeñas, la manera de vestir, de hablar, de comer. Las prácticas en la profesión y el negocio y el sistema de prioridades. Romper los patrones de las relaciones con la pareja, los hijos, los padres o los amigos. Quitarnos los hábitos destructivos.

¡El mundo se crea hoy! ¡Es nuevo! Es todo nuestro. Hoy podemos despegar. Escribir una nueva página en nuestra historia. "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu D'os que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia", nos dice Ieshayahu (41:10), ordenándonos esforzarnos y ser valientes, porque para empezar se necesita mucho valor. "Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará" continúa el profeta más adelante en el capítulo 43. Porque como decimos en Ledavid H' Orí, el salmo 27: H' es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? H' es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?

¿Podremos animarnos este año a transitar lo nuevo sin temor?

Con los deseos y augurios de un año feliz en el que podamos transitar iluminados por la luz reservada desde la Creación para encontrar nuestra propia senda de renovación con alegría.



Tizku leshanim rabot, neimot vetovot,

Rab. Yerahmiel Barylka


10 de septiembre de 2001

Rosh Hashaná, Iom Kipur, a la sombra del terrorismo

Una mezcla de alegría y dolor

Rabino Yerahmiel Barylka 

(escrito en el año 2001)

Como suele suceder en la historia judía, las Altas Fiestas nos encuentran este año, inmersos en una mezcla de alegría y dolor. El shofar, el cuerno de carnero que hacemos sonar durante todo el mes hebreo de Elul, nos llama al despertar de la conciencia, a nuestro mejoramiento como seres humanos. Pero este año, 2001, su sonido es también un grito de dolor por los que caen día a día en Israel a manos del terrorismo criminal.  

"despierten los dormidos de su sueño y los soñolientos de su sopor y revisen sus obras, regresen arrepintiéndose, y recuerden a su Creador" Maimónides

El sábado a la noche, después de la consagración del mes de Elul que hicimos en la mañana, y cuando estábamos en el límite entre Av y el último mes del año, oímos claramente una ráfaga de ametralladora. Parecía disparada junto a la ventana de nuestra casa. Apenas horas después confirmamos lo que supusimos. Habían disparado en el barrio. Esta vez contra un autobús de pasajeros. Sí, en Jerusalén.

Ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta..., retumbaba en los oídos y todo tipo de pensamientos nos torturaban. Ta, ta, ta ta, de la metralla, ta, ta ta ta ta, del helicóptero que no tardó más que pocos minutos en sobrevolar nuestras cabezas y nos detuvo las fantasías para colocarnos en la realidad cotidiana.

Imágenes que van y que vienen. Por un instante supuse que eran ráfagas de alegría por alguna boda. Antes a veces se oían muchos disparos y eran de júbilo. De pronto, el mismo sonido podría significar alegría y dolor.

Ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta,... son los sonidos de la teruá.

Asocié sin querer.

Estamos en el mes de Elul y la música del shofar comienza a quitarnos de la modorra en la que los mecanismos de defensa interior nos tienen sumidos para no ver nuestras verdades.

Desde el primer día de Elul, se hace sonar el shofar hasta la víspera de Rosh Hashaná, según nuestra costumbre (Rema, Shuljan Aruj, Oraj Jaim 581:1), siguiendo la tradición que dice que Moshé ascendió a Sinaí en el inicio de Elul y allí permaneció 40 días hasta lograr la absolución del pueblo.

UN INSTRUMENTO DE VIEJA DATA

Viejo instrumento musical es el shofar, mencionado nada menos que 69 veces en las Escrituras. Desde la teofanía del Sinaí, en Exodo 19:16, es usado también para proclamar el Jubileo. Y sólo describir sus usos rituales nos ocuparía todo el espacio disponible para estas líneas.

No hay duda que su utilización en nuestro ritual está relacionada íntimamente con la atadura de Itzjak, su akedá, cuyo relato leemos en el segundo día de Rosh Hashaná. Abraham dispuesto a pasar la prueba, diciendo hineni –heme aquí-, ¡presente! Y también hineni, dice, cuando el Angel le llama repetidamente, para decirle: "No pongas mano en el niño, no le hagas nada". Y Abraham pasa la prueba e Itzjak vive. Y se hace patriarca. Y apareció el carnero con su cornamenta enredada en el ramaje, inmolado sustituyendo al hijo predilecto, al único, al amado.

El carnero, que ante ataduras de otro tipo en nuestros días, también a pocas cuadras del monte de la tierra de Moría, se niega enredarse en ramajes. No se ve al carnero ni al ángel. Hoy se inmolan hijos queridos, únicos, amados, que mueren en explosiones cuando van a comer pizza en sus vacaciones. El carnero no aparece. Si llega el fuego sobre el altar, en el que se elevan hijos que nadie ató. Si aparece la pira que no necesita de leños. Cuyo humo se eleva al cielo pidiendo compasión. Ta, ta, ta, ta, ta.

En el Pentateuco se hace referencia a dos sonidos únicamente: tekiá y teruá, y el Talmud discute qué es teruá. Algunos dicen que suena como gemidos, otros como clamores y lamentaciones. Según la primera opinión se deben oír como shevarim, sonidos fracturados. Gemidos, clamores, fracturas, nos trae el ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta. Tan lejano hoy de la música que el rabino Goren z"l arrancó de su shofar frente al Muro Occidental, haciéndonos creer que el Monte del Templo estaba en nuestras manos.

Los judíos yemenitas tocan la teruá en una sola respiración, formado una unidad breve y nerviosa. Las mujeres orientales imitan en las bodas y fiestas, la teruá con sus voces, cuando están en su máxima alegría. Suena como si dijeran, explican los que saben, la, la, la, la, "aquí está Leá, aquí está Leá". No se dejen engañar, gritan alegres.

También en las escrituras bíblicas como en la literatura rabínica el sonido del shofar tiene connotaciones que a simple vista parecen contradictorias. Las referencias a su efecto, aparecen a veces con un claro corolario amedrentador y otras, como muestra de alegría. Ese uso del mismo sonido es extraño. Una de las características del sentido del oído puede resumirse en las asociaciones que provoca. Normalmente son unívocas, si no lo fueran así no servirían para ningún propósito. Alarmas que indican simultáneamente que hay que dispersarse o que hay que congregarse, crean confusión. Las alarmas antiaéreas, otras teruot del mundo moderno, anuncian alegremente semana a semana la llegada del Shabat así como ordenan el silencio del Día de Recuerdo por los Caídos en las Guerras de Israel. Algunos llaman al día por los caídos por la Independencia. Y nos paralizan en Yom Hashoá.

EL JUBILO Y EL LLANTO

Un versículo dice: "Cuando, ya en vuestra tierra, partáis para el combate contra un enemigo que os oprime, tocaréis las trompetas a clamoreo; así se acordará el Señor, vuestro D's, de vosotros, y seréis librados de vuestros enemigos" (Números 10:9), y el siguiente: "En vuestros días de fiesta, solemnidades, neomenias, tocaréis las trompetas durante vuestros holocaustos y sacrificios de comunión. Así haréis que vuestro D's se acuerde de vosotros...". Versículos difíciles de entender.

Tocamos el shofar no para conmover nuestros corazones, ni para alegrarlos, sino en circunstancias terribles y en otras alegres y festivas, usamos un instrumento para "despertar" la memoria que nada olvida... Por otro lado, el profeta Zejariá (9:9), nos dice: "Exulta sin freno, hija de Sión, toca teruá (de alegría), hija de Jerusalén...!, y Ezra (3:13): "Y nadie podía distinguir las teruot jubilosas de la voz de llanto del pueblo, porque el pueblo lanzaba grandes teruot, y el estrépito se podía oír desde muy lejos".

Fueron los traductores del Tanaj al arameo que escribieron a fines del Primer Templo, quienes usaron verbos diferentes para la misma raíz, indicándonos cuando la referencia de la palabra era de alegría y cuando de dolor. Y tanto el Talmud Babilónico como el Jerosolimitano, y los exégetas posteriores, siguieron esa línea.

Estamos en Elul y nuestras teruot no son de alegría. No lo son nunca en Elul. En éste menos que en ninguno que recuerde.

La alegría está en el ta, ta, ta, ta, ta, de las ráfagas ante la muerte de los asesinos suicidas cuyas familias y amigos, festejan la muerte, ta, ta, ta, ta, como día de boda, con alegría, con reparto de dulces y caramelos, ta, ta, ta, ta. La tienen los otros, pero es macabra. Terrible. Destructora. Es ta, ta, ta, ta, teruot, símbolos de la locura. De la pérdida de toda razón.

Nuestro ta, ta, ta, ta, ta, es para despertarnos y revisar nuestras acciones, que quizás provocan también un ta, ta, ta, ta, ta, como las de Zejariá: "Exulta sin freno, hija de Sión, toca teruá (de alegría), hija de Jerusalén...!

Que tengamos un unívoco sonido de teruá, el de la alegría propia y por qué no, la sana alegría de la vida del otro. Por la vida propia, lejaim del otro.

En el mes de Elul, se vale pedir: "yo soy para mi amado y mi amado es para mí", que en hebreo suena tan hermoso: "ani ledodí vedodi li". Después de todo es uno de sus acrósticos.

Ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta.

Rab. Yerahmiel Barylka