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13 de abril de 2011

Shabat Hagadol

El Shabat anterior a Pesaj es llamado Shabat Hagadol – el gran Shabat-, porque en él ocurrió el gran milagro, relatado en Exodo 12: 3: “el día décimo de este mes ustedes tomarán un cordero por familia, uno por cada casa”. La cuenta es fácil. Los judíos salieron de Egipto un jueves, por lo que el 10 de nisán fue Shabat, y en ese día tomaron un cordero y lo ataron a los pies de sus camas. Los egipcios preguntaban: ¿Por qué hacen eso? Y les contestaban que para faenarlo para Pesaj, porque D’s nos los ha ordenado. Y los hombres de la gran potencia de esa época, acostumbrados a ver a los judíos sometidos, se mordían los labios, porque les anunciaban el sacrificio de uno de sus símbolos impolutos, pero no sólo nada pudieron hacer para evitarlo, ni siquiera se animaron a protestar. Eso aprendemos del Oraj Jaim, dándonos esa razón para titular a ese Shabat milagroso como grande en particular.

Bendito sea D’s, -decimos en nuestras oraciones-, “que nos ha creado para Su honor y nos ha alejado de quienes se descarrían, que nos ha dado la Torá de verdad” en la que aprendemos que Él conduce el mundo por dos vías, según nuestra capacidad de entenderle. Un mundo natural y otro sobrenatural. Difícilmente estamos capacitados para acercarnos a descifrar al mundo de la naturaleza, pero, tenemos pretensiones de comprender el otro e interpretarlo. Como que no podemos renunciar a la omnipotencia de creernos ser como dioses, mientras nos comportamos como menos que humanos –todos sus actos, (de los humanos) no son más que vanidad, y a Tus ojos, todos los días de la vida de aquéllos nada significan. Por lo demás, la ventaja del hombre respecto de la bestia es, en definitiva, nada, puesto que todo es vanidad-, decimos en la oración matinal.

Pero volvamos al Gran Shabat, ese en el que solemos repasar las halajot de Pesaj, ese en el que el maestro debe reunir a su asamblea de fieles y discípulos para enseñarle que no se equivoque con las normas del apartado del jametz en los días de Pesaj.

Pero, si el milagro ocurrió como bien lo dice la Torá el 10 de nisán, ese debería ser el día a recordar independientemente del día en la semana con el que coincida, tal como ocurre con todas las festividades.

¿Por qué recordamos el día de la semana y no el día calendario? ¿Por qué no hay un Gran 10 de nisán y si un Gran Shabat?

Nuestros padres no sabían lo que significaba la libertad. Se habían olvidado de ser libres con tantos años de servidumbre. Estaban sumergidos en el fango de la esclavitud y de la sumisión. Prisioneros de los trabajos forzados a los que eran sometidos, al grado que ya no percibían que se podía vivir de otra manera. Estaban en el extranjero, alejados y enajenados de su propia identidad, exiliados sin poder levantar sus cabezas. Carentes de derechos, incapaces de exigirlos. Moshé que se había criado en el palacio, sabía mejor que sus hermanos el significado de la libertad. Moshé, que había tenido la revelación de la zarza ardiente, comprendía que D’s deseaba liberar al pueblo, aún contra la voluntad de quienes preferían ser esclavos placenteros y que les daría el Shabat para poder emanciparse. La navaja que cortaría las cuerdas que los amarraban a la esclavitud, a la comida de los egipcios y a su trabajo incansable, era el Shabat. El gran Shabat.

Según el Midrash Shemot Rabá, fue Moshé, quien, al ver el sufrimiento del pueblo cautivo en manos de otros esclavos, se dirigió a Faraón y le dijo: “Si no les concedes un día de descanso hebdomadario, se mueren. Entonces le dijo: Ve y hazles como tú dices. Y fue Moshé y constituyó un día para el descanso”. Fue el Shabat el que provocó la liberación. Sin él, nuestros antecesores no hubieran salido de Egipto. Por eso es grande. Por eso el Shabat nos recuerda la salida de la esclavitud. La simboliza, la evoca, la consagra, la propone para una vida mejor. Y hoy, nos sigue entrenando, a quienes pueden liberarse en la dura tarea de ganar la libertad cotidiana.

Ese Shabat, el 10 de nisán, los esclavos levantaron su cabeza y pusieron en peligro sus vidas, al atentar contra uno de los símbolos de la fe de los egipcios. Lo que les liberó fue esa fe en la que confiaron en D’s, en Moshé su enviado, y en ellos mismos. No fue atar el cordero al pie de sus camas, sino lo que había tras esa acción.

 “A Sión llegará el redentor, y a aquellos que regresen de sus faltas en Yaacov” (Isaías 59:20). ¿Cuándo llegará el redentor? – cuando se pueda devolver lo que le fue sustraído al hermano Yaacov. Ello será posible cuando esos hijos de los esclavos liberados y manumisos puedan liberarse del odio al prójimo que es el resultado de su falta de fe. La devolución y el arrepentimiento son posibles cuando se recupera la fe. Cuando no hay convicción, se puede suponer que el otro se enriquece a nuestra cuenta y le celamos y odiamos. Cuando la guemará en Iomá 9b, nos dice que el Segundo Templo en cuyo tiempo se estudiaba Torá, se consagraban al servicio y a la solidaridad social, fue destruido porque había odio infundado, nos indica que el estudio por si mismo y el Servicio Divino, e incluso la solidaridad, y la mutualidad, no fueron suficientes para evitar el odio gratuito, capaz de producir la destrucción y ello. ¿Por qué?, porque esa generación carecía de la fe suficiente en el Creador como para comprender que Él es quien maneja y supervisa todo. Es el que reparte y concede.

No alcanza por lo visto con el cumplimiento mecánico y formal de los mandamientos, cuando los corazones están incircuncisos. Ello no es suficiente para evitar la crisis y la destrucción.

El Shabat de Egipto nos convoca al amor a D’s del que derivará el amor al prójimo. Y cuando la guemará en Shabat 111b, nos dice que “si los hijos de Israel guardaran dos sábados completos, serían redimidos inmediatamente”, nos dan la fórmula para dos reparaciones que nos permiten la redención.

La una, que nos descubrirá hasta donde, también en nuestra época de aparentes libertades, seguimos hundidos en el fango de la esclavitud complaciente: la que nos encadena por propia decisión al grado de haber perdido toda proporción con los verdaderos valores de la vida. Aún estamos en espera que de una nueva redención que se dirija a nuestras conciencias para darnos un nuevo Shabat en el que descubramos la libertad para poder luchar contra otras esclavitudes.  

La otra, que nos permita que a través del amor a D’s lleguemos al amor gratuito para poder reparar el odio que nos causó la pérdida de la independencia, de la libertad y de la Tierra.  

Así pues, lo que hubo tras el 10 de nisán fue nada más y nada menos que el Shabat.

Por ello, no recordamos el 10 de nisán sino el Shabat.

Por ello es grande.

Sin él, no podemos llegar al seder, ni podemos sentarnos a las mesas inclinados sobre los almohadones de los hombres libres. Ni beber con fruición las copas de la liberación.

Antes que nada necesitamos practicar nuevamente lo aprendido en aquel Shabat Hagadol. Eso es lo que tenemos que recordar también en éste.

Shabat Shalom, desde Sión,

Rab. Yerahmiel Barylka

4 de abril de 2010

Pesaj: Un hito fundacional en el tiempo del pueblo judío; una señal de su espacio

Pesaj: una señal del espacio propio

Rabino Yerahmiel Barylka 

La salida de la esclavitud es el suceso que convirtió a un cuerpo inerme de almas despersonalizadas por la explotación, en una nación. Así nació el pueblo de la heredad divina que resultó el destinado a recibir la Torá en el medio del desierto y a dirigirse a su propia tierra redescubierta.

Cuando el calendario elige a nisán como el inicio, convierte a Pesaj en una festividad central. Homenaje que no es sólo recuerdo y memoria, sino un indicio del servicio divino. Servicio que es presencia. El Éxodo aparece nombrado muchas veces en la Escritura, y quien acepta con amor el servicio divino, repite varias veces al día en sus oraciones, evocaciones de esa acción. Todos los días y no sólo en nisán. Pero, este mes es el que tiene la misión de organizar nuestra vida a lo largo del año, en el sentido individual, en el colectivo y el nacional.

 El tiempo y el espacio son dos parámetros sin los cuales, prácticamente, es imposible pensar o pensarse. Tiempo también en el sentido filosófico de “fuerza de vida”, “tiempo de la vida”, y “la persistencia de la fuerza vital” o como Husserl, “conciencia interna del tiempo”, o Neushausler, la “inquietud del ser”. Espacio-tiempo es la matriz de toda realidad. Las dificultades de ubicarse en esas dimensiones, pueden servir para diagnosticar enfermedades y no sólo del alma. Quien se coloca fuera del tiempo y del espacio, atenta contra su propia persona.

Cuando Rashí se interroga por qué la Torá no comenzó con el versículo: “Este mes les será   principio de los meses; será éste para ustedes el primero en los meses del año” (Ex. 12:2), desea subrayar que esta orden tiene un valor colectivo que marca una identidad que permite el desarrollo de la historia común, y antes que ello, la mejor referencia para la pertenencia grupal. Pero, judaísmo es también espacio. La realidad donde están las cosas y los sujetos. El espacio está en el mundo tangible, está en el mundo de la Existencia de la realidad, que no puede negarse. El maestro Ovadia Sforno, le da al tiempo que se aprende del versículo, otra trascendencia no menos importante, cuando acentúa la palabra lajem para ustedes, y nos dice: “A partir de hoy, serán dueños de su tiempo, no seguirán más las fechas que les fije el otro”. El tiempo es libertad y cuando se pierde esclaviza. Manejar el tiempo es marcar soberanía no menos que morar en los límites del espacio. Espacio-tiempo. Tiempo-espacio.

El Éxodo de Egipto, no fue un objetivo en sí mismo, sino una necesidad para arribar a la Tierra de Israel y no a ningún otro espacio en el planeta. La respuesta de Rashí a su dilema sobre el inicio de la Torá, se responde en su texto: La Creación divina permite la adjudicación de la Tierra de Israel al pueblo judío.

Para poder llegar al momento del Éxodo era necesario vivir el tiempo, como con la plaga de la langosta: “…cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy” (10:6)   “Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y se asentó en todos los términos de Egipto, en gran manera grave: antes de ella no hubo langosta semejante, ni después de ella vendrá otra tal” (10:14), y más fuertemente aún en la de la oscuridad: “Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas tres días por toda la tierra de Egipto. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones” (10:22-23). La tenebrosa oscuridad en el que fueron sumidos, anuló el tiempo de los egipcios. Este versículo marca el contraste entre la Luz y la Oscuridad, entre el Tiempo y su falta. Una luz nueva que volverá a iluminar a un pueblo naciente. Una tiniebla contrastante que indica la decadencia y que resalta la iluminación. Tiniebla que en otros tiempos, lejos de su tierra, vivieron los judíos por generaciones.

El mes y el día del Éxodo son el mojón de una serie de preceptos que delimitan la heredad del pueblo judío.  “Y guardaréis la fiesta de las matzot, porque en este mismo día saqué a vuestros ejércitos de la tierra de Egipto…” (12:17). “En este mismo día salieron todos los ejércitos de H’ de la tierra de Egipto” (12:41). El pan leudado está relacionado con el tiempo, porque es producto de dejarlo detenido, de perder el tiempo de actuar. Dejar pasar la oportunidad, de actuar con presteza en el cumplimiento de las obligaciones espirituales. Quien lee los versículos que describen la epopeya se encontrará con varias afirmaciones que indican presteza, velocidad, prontitud. Tiempo. Los esclavos no se podían liberar si dejaban pasar la oportunidad de salir. En hebreo diríamos que no debían leudar la coyuntura.

En estas partes de la Escritura, descubrimos el tiempo relativo. “Y Moisés dijo: Así ha dicho el Eterno: Como a media noche saldré en medio de Egipto...” (11:4), está escrito como, cerca de la medianoche, fijación no cronométrica que igualmente mantiene su dramatismo.  Pero, en la descripción de la acción aparece el tiempo exacto en toda su fortaleza metafórica. Fue a esa hora, la partición de la historia.

Regresemos por un instante a las tinieblas de Egipto: “Y cubrió el ojo (la faz) de todo el país y se oscureció la tierra; y se comió toda la hierba de la tierra y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; y no quedó nada verde en árbol ni en planta del campo en toda la tierra de Egipto” (10:15). El espacio de la tierra es descrito como algo viviente que puede iluminar y oscurecer, que tiene un propio ojo que observa y que puede cubrirse. De este versículo aprendemos aún antes que de nuestra historia, que durante la destrucción no hay ni una hoja verde, ese color desaparece. En tiempos de desgracia, la Tierra cierra sus ojos extraviados porque está sin tiempo y sin espacio. No hay producción. No hay vida. La naturaleza languidece. Pero, cuando sus habitantes naturales regresan a sus límites, la tierra se pinta de verde, se muestra con el celeste del agua, se refleja desde su propio ojo hacia todos sus amigos brindándoles de su luz material, de su luminiscencia espiritual.

Pesaj, es la primera de las festividades de peregrinación, nisán es el primer mes, Israel es la tierra. Tiempo y espacio en nuestras manos.

El seder  y la matzá, nos invitan a no leudar la ocasión. Si deseamos ser libres, debemos seguir el camino de este mes, de esta fiesta, y seguir su luz. En otras palabras, escribir esta parte de nuestra propia historia, ubicada en los parámetros de tiempo-espacio, espacio-tiempo.

Jag casher vesameaj

Rab. Yerahmiel Barylka

29 de marzo de 2010

El pan de la pobreza

Jag Hamatzot, la festividad de los panes ácimos

Rabino Yerahmiel Barylka

Pesaj, la fiesta de la libertad, es llamada Jag Haaviv, la conmemoración de la primavera, pero su nombre más específico es Jag Hamatzot, la festividad de los panes ácimos. Y, por ese alimento se distingue de las otras celebraciones de peregrinación y es recordado por niños y adultos. Hay quienes prefieren hacer sus propias matzot o que prefieren consumir matzot amasadas manualmente, a fin de sentir que su confección ya se contaba con la voluntad de consagrarlas al espíritu de la fiesta, y hay quienes las eligen shmurot – celosamente cuidadas desde la cosecha del trigo para evitar que pudieran fermentar. Durante el seder comemos las matzot por lo menos tres veces: al iniciar la comida después del hamotzí, cuando hacemos el corej – el emparedado de maror - las hierbas amargas, y después de la comida, con el aficomán- trozo de matzá que cierra la comida. Las matzot ocupan un lugar preponderante en el platón en el que colocamos los alimentos que representan los elementos concretos de la festividad. Son el invitado central del seder. 

Dos son las razones por las que comemos matzá en Pesaj. Abraham Ibn Ezra nos dice que el pan ácimo era la comida que los egipcios servían a sus siervos para saciar su hambre con un alimento barato que les hacía sentir llenos y que incluso él, cuando estuvo prisionero en India, fue alimentado con ese tipo de pan. Por esa razón la norma de comer matzá fue dictada quince días antes del Éxodo. Ese es el pan de la pobreza. El que consumen de una u otra manera los menesterosos en todos los tiempos. La segunda razón se debe a lo que dice el versículo: “pues al ser echados de Egipto no pudieron tomar víveres ni provisiones para el camino” – habían salido con apuro y no podían esperar que el pan leude. Así nos enseña Rabán Gamliel cuando nos indica recordar la ofrenda de Pesaj, el pan ácimo y la hierba amarga, y nos explica el por qué de comer matzá: ‘porque la masa de nuestros padres no alcanzó a fermentar, como está escrito, (Ex. 12:39): “De la masa que habían sacado de Egipto cocieron tortas ácimas, porque no había fermentado todavía”. 

Las dos causas son una. Están ligadas íntimamente. Representan elementos educativos e ilustran el proceso de la liberación que tan difícil resultó cuando éramos esclavos en Egipto y que resulta particularmente complicado también en nuestros días en los que los elementos de la redención están tan cercanos, casi a nuestro alcance. Comer matzot durante todas las generaciones del exilio y de la persecución entre las naciones, posibilitó consagrar la unión de los judíos con sus ancestros. Ellos recorrieron los intrincados caminos de las distintas esclavitudes hasta lograr un poco de oxígeno liberador. La matzá les llevó a recorrer la memoria de las amarguras y los resplandores efímeros de las ilusiones y las utopías libertarias. Sin la matzá, el pueblo judío no hubiera podido permanecer contando entre sus bienes más maravillosos su aspiración de redención. La matzá los acompañó en los días de racionamiento de los alimentos en los campos de exterminio y en la primera etapa de la reconstrucción del Estado de Israel, y no como parte de la fiesta sino como realidad de la vida. Sólo en los días de Pesaj el pan de pobreza se convertía en alimento festivo. 

Comer matzá en Pesaj tiene un significado aún mayor. Nos da elementos de la verdadera redención. Éramos esclavos, pero el Éxodo no fue suficiente para redimirnos. No fue suficiente salir de Egipto para obtener la libertad. El apuro simboliza la posibilidad de elevarnos por encima de la esfera del tiempo y la matzá que no tiene más que los elementos esenciales del pan, pero, sin sus condimentos, no se contamina cuando el objetivo de la salida de Egipto es el veheveti, -los traeré a la tierra para servir a D’s. La matzá simboliza la libertad al no depender de que se agregue a lo más importante y que sirve para racionalizar y explicar la falta de acción para salir de los palacios enjaulados. Cuando abrimos la puerta en la noche del seder, lo debemos hacer para invitar a los necesitados a compartir la mesa y también para dejar que la espiritualidad ingrese a nuestros hogares y a nuestros corazones. La redención es un proceso complejo y que exige mucha preparación. No en vano las Escrituras, en Éxodo 6, nos traen los cuatro verbos que quizás sean cinco, por los que nos servimos las copas del seder. 

La verdadera redención no permite remilgos de adornos innecesarios, ni de condimentos para mejorar el sabor de la masa inerme. Es humilde. Es precaria. Es lisa. Y allí resume toda su belleza y contenido. Pero, Pesaj, hoy, cuando tantos hermanos pasan hambre literalmente hablando, adquiere también la obligación de la solidaridad que excede las colectas para comprar matzot. También hace sentir patéticos a quienes en lugar de invitar a los necesitados a sus hogares prefieren que las instituciones de beneficencia les organicen sedarim colectivos con dinero ajeno a los que concurren los ricos para servir las mesas. “Dijo Rabí Abin, este indigente está a tu puerta, y el Santo Bendito a su derecha, como está escrito: “Porque Él se pone a la diestra del pobre para salvar su alma de sus jueces” Salmos 109:31. Si ayudaste al indigente, quien está a su derecha te da su recompensa y si (todavía) no le diste, recuerda al versículo: “¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre! En día de desgracia H’ le libera” Id. 41:2. 

Comeremos matzá en Pesaj pero evitaremos que los seres que queremos ver libres se alimenten del pan de la pobreza todo el año. Debemos pensar en quienes comen tortillas y pan seco y duro en los días del calendario. Ingeriremos matzá para aprender la vida de la humildad y el apuro que tenemos para salir de las nuevas esclavitudes y lograr la redención que es atemporal y cuya trascendencia nos permite unirnos con quienes se liberaron sólo parcialmente recorriendo para nosotros el camino que nos conduce al veheveti – Yo os introduciré en la tierra que he jurado dar a Abraham, a Isaac y a Iaacov y os la daré en herencia. Yo H’. 

Pesaj casher vesameaj!

Rab. Yerahmiel Barylka

31 de mayo de 2009

Pesaj en nuestros días

En el momento del Exodo fuimos pueblo, y nos merecimos 

La Torá y la Tierra de Israel

 Rabino Yerahmiel Barylka – Jerusalén

En nuestros días es común que en ciertos sectores del pensamiento y la acción, y no sólo de nuestra fe, se deje a la decisión subjetiva de la persona su elección de la verdad. Y, no sólo de su verdad, sino de la Verdad universal. Hay quienes establecen narrativas nuevas acerca de hechos históricos, y al leer los textos, los reconstruyen, los rescriben y los prescriben. Muchas veces sin criterio. Otras, sólo porque sí. Ello es válido en las elecciones personales derivadas de procesos filosóficos, y cada quien aceptará o no lo que dice el otro.  No a ellos me refiero. Pero, cuando esas actitudes se aplican en intentos de explicar la gesta libertaria de Pesaj, se vuelven no solamente contradictorias e irrelevantes, sino son un desacierto respecto a la posibilidad de educar.  Pesaj, es uno de los elementos más enriquecedores de la identidad judía, por lo que es importante sujetar la fecha a su significado, sin distorsiones.  Es imprescindible permitirnos vivir la festividad a partir de nuestra propia narrativa histórica, que no en vano, fue consagrada en el precepto de relatar a los hijos, en Éxodo 13:8 “Y en aquel día contarás a tu hijo, diciendo: Es a causa de lo que hizo conmigo el Eterno cuando salí de Egipto”.

Ello debe reproducirse intangible de generación en generación, para convertirse en una experiencia nacional.

En las actitudes respecto al día, solemos marcar las diferencias entre “Pesaj Mitzraim” – lo sucedido durante los acontecimientos y lo que los judíos debieron hacer, de “Pesaj Dorot”, los textos, costumbres y conductas que deben ser llevados a cabo por las generaciones.

Pero, tanto Pesaj Mitzraim como Pesaj Dorot, tienen una actualidad que supera las mismas tradiciones, al grado que ya el profeta Jeremías, nos dice: (16:14-15) “Pero he aquí, vienen días, dijo el Señor, que no se dirá más: Vive el Eterno, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; sino: Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres”. Pesaj Dorot, el de las generaciones, inspira aquellas pascuas producidas después de otras redenciones, y que tampoco deben ser olvidadas. Ni siquiera en nuestra generación en la que fenómenos en los que pasamos de las acciones de la “medianoche” de la oscuridad se convirtieron en luz.

Había un arpa que colgaba sobre la cama de David, cuando se hacía medianoche, soplaba un viento del norte y lo hacía tañer… nos relata el Talmud en Brajot 3b, quizás diciéndonos que, cuando Israel deja el arpa colgada, ese mismo instrumento que había recibido como obsequio divino, llegan los vientos tormentosos, y le recuerda sus obligaciones… si uno se distrae o se duerme y no toca su música, vienen otros e interpretan las suyas en esa misma arpa. También otros tocan otras músicas en nuestra arpa, cuando nos proponemos tocar otras músicas en instrumentos ajenos, distorsionando nuestra verdad. La medianoche de David, puede significar la medianoche oscura de la Historia, del abandono, de la indiferencia, de la asimilación. Estos son los momentos más propicios para tomar el instrumento musical y hacerlo vibrar con música propia. Lo que pedía Isaías (26:20) “¡Ve, pueblo mío, entra en tus habitaciones y cierra tus puertas por dentro; escóndete por un instante, hasta que pase la ira!”, ya no es guía para quienes deseamos vivir libremente. En el seder podemos – debemos – abrir las puertas de par en par para cantar salmodias de alegría, compartiendo la mesa con los necesitados (incluso antes de preocuparnos que hayan otros quienes les organicen sedarim colectivos).

En Deuteronomio 16:3, leemos “No comerás con ella leudo; siete días comerás con ella panes ázimos, pan de aflicción, porque aprisa saliste de tierra de Egipto, para que te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto, todos los días de tu vida”. El recuerdo del Exodo se expresa diariamente en la lectura del Shema y en el cumplimiento de muchos preceptos y en la noche del seder, nadie está exento de revisar la historia personal de sus ancestros, que es la propia. El recuerdo del Exodo debe hacerse al mismo tiempo que lo hacen los judíos del mundo y en una fecha definida: “¿Podemos desde el novilunio de nisán? –Dice “en ese día”, y si dice “en ese día”, ¿puede ser de día?, no, aprendemos de “a causa de ello”… cuando la matza y el maror están colocados delante de ti. En la situación en la que cada uno de nosotros debe verse como saliendo personalmente de Egipto. El objetivo del ceremonial no es sólo educar a los hijos sino que previamente educarnos a nosotros mismos, así seamos sabios conocedores de todas las escrituras y las tradiciones. No sólo a nuestros padres se redimió de la esclavitud sino también a nosotros. En el momento del Exodo fuimos pueblo, y nos merecimos la Torá y la Tierra de Israel.

Sólo recorriendo lo más exactamente posible el mapa de la Hagadá, preguntando y preguntándonos, comiendo el pan de la pobreza, ingiriendo hierbas que al principio parecen dulces como la esclavitud pero que se vuelven amargas, derramando de las copas de vino cada vez que leemos acerca de las plagas, para saber que aún cuando el enemigo sufre nosotros no podemos permitirnos alegría completa, y relatando y viviendo, sabremos salir, como antaño, de las esclavitudes que nos atan todavía de manera conciente e inconsciente.

Jag Hamatzot Casher Vesameaj,

Rab. Yerahmiel Barylka

DULCE PRIMAVERA

EL ULTIMO DIA DE JOL HAMOED

Rabino Yerahmiel Barylka

Esta noche, recordaremos el Cántico del Mar que entonara Miriam con algunas amigas y tras ellas todos los trashumantes que salían de la esclavitud, pero, no se dicen laúdes. No hay alegría por la caída de los enemigos. Y mañana nos despediremos de este Pesaj aquí, que como me dijo un buen amigo porteño, él aún en Israel continuará un día más, como que nuestras fiestas se separan y sus alegrías y las de quienes vivimos en Israel ya no coinciden exactamente. Tampoco Pesaj. El seguirá cuidándose del jametz cuando nosotros estaremos comiéndolo después de volver a comprarlo de manos de un vecino de Abu Gosh. Como que para algunos hace falta cuidarse del jametz un poco más.

Y así terminan los días de Jol Hamoed en los que pudimos dar la bienvenida a la dulce primavera, llena de cálido aliento inundando todo de luz y vida

de ilusión y de contento. Días en los que pudimos salir de casa y recorrer un poco el país, ver los campos verdes, pese al calor que parecía infernal, huertas   despertando de su sueño, pese a que no cayeron lluvias en cantidad suficiente, y ver los árboles que se pueblan de hojas que el invierno les arrebató y ahora tienen un nuevo follaje.

Pudimos pasear un poco con Tzuriel y llevarlo a ver cavernas donde el sol no llega y la temperatura baja, e ir con él a las orillas del mar y tocar el agua fresca dejando que la brisa nos recorra.

En casa, que dejaremos en menos de un mes sin tristeza, el almendro se vistió de gala y se cubrió de flores y ya tiene frutos tempraneros igual que el olivo y el cerezo y el ciruelo colorado. Y, nos preparamos para días de duelo y de alegrías. Iom Haatzmaut casi se oye, aunque la hatzmaut no está en nuestros corazones como debería ser, como que se comparte con otros que nos dicen que hacer y que no hacer, que decir y cuando, que entregar. Pero, no son capaces de permitir que recibamos…

Por ello, Pesaj, al estar por irse, también de nosotros pide que no le abandonemos en la memoria por tanto tiempo. El Éxodo se recuerda así en muchas cosas y muchos detalles. Mientras tanto, seguimos contando el Omer, cuenta necesaria que permite tomar conciencia de los días y de las semanas.

Sé que no es fácil, (mañana los ashkenazim decimos también izkor), pero en las horas que quedan del jag, intentemos hacerlo jag sameaj, de nosotros depende pese a las dificultades cotidianas.

Rab. Yerahmiel Barylka

22 de abril de 2009

El tiempo como libertad

Una Festividad judía contra la tiranía


Frag. del Rab. Yerahmiel Barylka

Pésaj, la Pascua judía, no es sólo la conmemoración de una liberación nacional o religiosa. Se trata también de la celebración del tiempo recuperado para el hombre que de pronto es libre (...)

EL TIEMPO COMO LIBERTAD

La salida de Egipto nos entrega la posesión del tiempo donde antes hubo que aceptar su fijación por los intereses ajenos. El tiempo de amar y el tiempo de odiar, el de rasgar y el de coser, el de perder y el de guardar, el de la guerra y el de la paz, el de llorar y el de reír. Es el ser humano quien tiene la capacidad de decidir las etapas y los tiempos del hacer y del abstenerse de accionar. (...)

El tiempo de la libertad es la concesión más extraordinaria obtenida con la salida de la esclavitud. Nisán es el primer mes del año, porque es el original en el que se pudo decidir la potestad de tiempo. Sólo los esclavos no tienen tiempo, simplemente porque no les pertenece.

«No tengo tiempo para nada, el trabajo me absorbe», es frase de quien renuncia al goce de su disponibilidad. El hombre libre, dispone del tiempo por formar parte intrínseca de su ser, de su libertad, no lo pierde, no lo regala, es celoso de ese bien.

DEDICARSE A SURGIR

Durante la experiencia los tiempos son diferentes que en la conmemoración. Sufrir la esclavitud y sentir la libertad, dan una sensación diferente que evocarla. Quien no estuvo en Egipto y quien no pudo salir no siente lo mismo. De allí las diferencias en los tiempos de conmemoración respecto de lo acaecido en Pésaj de Egipto. Quien está todavía hoy en el Egipto interior, necesita de más tiempo para liberarse.

La cocción de la matzá debe terminarse en muy pocos minutos. No debe leudar. No sería símbolo de libertad si no fuera celosa de su tiempo. Cuestión de prioridades. El manejo del tiempo para la obtención de la libertad no se debe malograr.

Debemos «guardar las matzot-mitzvot», para no desperdiciarlas, para no desaprovechar la ocasión. El mismo verbo del sustantivo jametz indica fermentar, agriar, acidificar como desperdiciar, malgastar, desaprovechar, perder. Jametz significa pues, desperdiciar el tiempo de la libertad, en otras palabras: regresar a la esclavitud.

No había tiempo, dirán algunos, en la salida. Había que dedicarse a surgir. Ello no es fácil. Salir de la esclavitud no da tiempo de expresar la alegría aun si se sabe que es importante. Las acciones responsables, cuando se toman, se hacen seriamente. Además, no podía haber júbilo cuando hay seres humanos que sufren. «No te alegres por la caída de tu enemigo, no se goce tu corazón cuando se hunde», leemos en voz del Rey Sabio en Proverbios 24:17. (...)

Pésaj da sentido a nuestra existencia en cuanto nos permite ubicarnos tanto en el tiempo espiritual como en el espacio, con identidad propia, esta vez por nuestra voluntad.

Rab. Yerahmiel Barylka